Soledad Alvear participa en Simposio Internacional organizado por la Universidad Católica

Soledad Alvear participó este miércoles 10 de agosto en el Simposio Internacional de Edith Stein organizado por la Universidad Católica de Chile, que trató sobre el Estado. Entre los participantes a este encuentro además de Alvear estuvieron, Joaquín Silva, Decano Facultad de Teología; María Elena Pimstein, Secretaria General, PUC; y Mariano Crespo, de Navarra, España, entre otros académicos.

 

A continuación podrá leer la ponencia completa de Soledad Alvear en dicho simposio

 

EL PROCESO ACTUAL DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE Y LA RELEVANCIA DE “UNA INVESTIGACIÓN SOBRE EL ESTADO” DE EDITH STEIN.

 

Soledad Alvear

10.8.16

 

 

  • INTRODUCCIÓN.

 

 

Los enemigos de la dignidad humana avanzan cada vez que nos descuidamos. Hoy, como siempre, ésta enfrenta algunos que no deben menospreciarse, superando antiguas dificultades y enfrentando otras nuevas. Por ejemplo, no se ve hoy probable que las grandes potencias escalen en una guerra nuclear, posibilidad que, en cambio, fue una permanente amenaza durante la guerra fría. Confiamos, en cambio, que ellas protegerán sus arsenales de la amenaza inmensa y real del terrorismo, sin duda, uno de los enemigos declarados de la dignidad humana en nuestros días. Pero, paradójicamente, la protección ante el terrorismo puede llevar aparejada otras amenazas a la dignidad, por ejemplo, el desarrollo de tecnologías –y legislaciones- que permiten a los Estados la vigilancia de cada uno de nuestros pasos, facilitada por nuestro apego deshumanizante a las redes sociales, a la exposición voluntaria de los más insólitos detalles de nuestra intimidad y cotidianidad.

 

Fueron otras las amenazas y los atentados que se vivieron en el tiempo de la autora que nos convoca. Pero, en efecto, uno de los tópicos persistentes de Edith es la libertad y la dignidad del ser humano. En ese sentido, Una Investigación sobre el Estado, aunque compleja y densa, no es una obra aislada de la posterior labor filosófica de Edith. Quizás alguna relevancia tiene que haya sido escrita a finales de 1920, luego de que Stein leyera la autobiografía de Teresa de Avila. Para MacIntyre, según Casiva, (…) la riqueza de la obra filosófica de Edith Stein sólo puede ser valorada en la trama de su propia narrativa, filosofa judía, conversa, martirizada en Auschwitz (…). Y es que existe una unidad inseparable entra la manera que piensa y la manera que vive un filósofo, especialmente una como Stein.

 

Esto, en palabras de la misma Edith, está dicho de la siguiente manera:

“Hemos subrayado primeramente que el respeto e igualmente el establecimiento del derecho positivo es asunto del poder legislativo. Además hemos descubierto que para ser válido, el derecho no debe ser únicamente fijado, sino que también debe ser aceptado por aquellos para quienes fue establecido. El derecho está vinculado por ambos lados; y, por su parte, impone una doble vinculación. Aquel que establece el derecho, se obliga con ello a respetar la regla de derecho establecida por él. (…). Aquel a quien afecta un derecho y que lo reconoce, le crece la exigencia de que se le trate conforme a ese derecho”.

 

Discutir sobre el Estado, y en lo particular, sobre la Constitución Política, es algo importante, entre otras cosas porque -al menos desde comienzos de la modernidad, el Estado juega el rol más relevante a la hora de perseguir el ideal de respeto y promoción de la dignidad.  Por ello, la posibilidad de redefinir nuestras normas básicas puede ser una ocasión no sólo para fortalecer nuestra institucionalidad, nuestra democracia, para repensar las conquistas de derechos y el reconocimiento de los deberes que son fundamentales para el sostenimiento de la comunidad política, sino también para volver a conversar acerca de qué forma de organización estatal es la más acorde con la dignidad de las personas.

 

  1. EL PROCESO ACTUAL DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE.

2.1. El  Proceso Chileno

Una Constitución necesita prestigio y aprecio popular, y, al parecer, la nuestra, no los tiene.

Y eso es grave.

 

La reacción frente a esta realidad es diversa. Algunos sectores políticos, por un lado, insisten en defender la Constitución actual, básicamente, considerando el argumento de que durante su vigencia Chile ha vivido sus tiempos de mayor progreso y estabilidad. Sin entrar en el análisis de si efectivamente ese progreso se debe a la Constitución, no puede negarse que los últimos decenios han sido de sinigual avance para el país.

 

Pero esa respuesta no basta, porque si lo hiciera ¿de dónde viene con tanta fuerza esta demanda por modificar nuestro orden constitucional?

 

Ante esta pregunta, el destacado constitucionalista Jorge Correa Sutil, en una interpretación que comparto, ha señalado que habría dos razones en las cuales radicaría la fuerza de los partidarios de un cambio radical del orden constitucional. La primera es la vigencia y uso de la Constitución actual en dictadura, entre los años 1980 y 1989. En ese sentido, se pregunta Correa “¿Cuánto de la mala prensa de la Constitución de 1980 se deberá a que tantas veces se la invocó para excluir, relegar exiliar, descalificar y encarcelar a quienes éramos disidentes? En segundo lugar, Correa cree que la Constitución del 80 “(…) tiene poco aprecio porque en ella pervive una arquitectura que, temerosa de la soberanía popular, incurre en un cierto desprecio de la igualdad política y es improbable que la ciudadanía aprecie unas reglas que la desprecian”. La CPR 1980 mantiene la tradición del temor a la democracia, que pobló la esencia de la Constitución y que aún pervive en algunas de sus cláusulas (…).

 

2.1. 1. ¿Proceso de la Asamblea Constituyente?

No sé si podemos hablar –como es parte del título de la ponencia que se me ha encargado- de que estamos viviendo un proceso actual de “asamblea constituyente”, pues no sabemos aún si

 

modificaremos nuestra Constitución mediante ese mecanismo o si se hará de un modo diferente. Podemos decir, quizás, que estamos en un proceso constituyente.

2.1.2. El Proceso Constituyente actual.

Ahora bien ¿En qué contexto se da este “proceso constituyente”, esta etapa de cabildos auto convocados, de encuentros regionales y provinciales, de actividad académica referida al tema, de la opinión pública, de los actores sociales y políticos avocados a discutir sobre este asunto, del rol del “Consejo de Observadores”, etc.?

 

Vivimos un momento en el cual las instituciones chilenas atraviesan una crisis importante, donde se evidencian trastornos en la confianza y en la credibilidad de nuestra democracia. No quiero aquí abundar en algo de lo que se ha hablado bastante, pero que es efectivo: nuestra democracia, nuestras instituciones y nuestra política afrontan un momento de prueba y deben realizar importantes perfeccionamientos.

 

A pesar de este contexto algo agitado, es importante que este proceso sea llevado con serenidad. La Constitución no es el lugar para expresar todos nuestros sueños y anhelos desde un punto de vista maximalista. No es el lugar, por ejemplo, para declarar que nuestro sistema de pensiones será de reparto, ni tampoco para declarar que será inamoviblemente de capitalización individual, sino que, más bien, es el espacio en el cual acordar las reglas mínimas de convivencia, la configuración de nuestras instituciones más importantes, nuestras garantías, derechos y deberes fundamentales.  .

Para que este proceso sea exitoso, debe primar un espíritu de ecuanimidad, de buscar con franqueza que todos los sectores políticos de la sociedad se vean representados, de no excluir a nadie. Desde esta base acordada y común deberá realizarse luego el juego político, de manera que cuando se defina, por ejemplo, el sistema de pensiones, éste cuente con la legitimad de haber sido resuelto luego de un procedimiento y a través de instituciones validados por todos. Que cuando tenga que primar, prime la ley de la mayoría, pero jugando esta vez, en una cancha pareja.

 

Por eso, creo que debe entrarse a este debate con calma. Con una actitud de Estado, de transversalidad, de buscar puntos en común, de entender cuáles son las cosas que una Constitución debe tener, y que cosas le sobran; cual es, dicho en el lenguaje de Stein, la estructura esencial del Estado que queremos construir.

Sólo en esa disposición, la obra de Stein “Una Investigación sobre el Estado”, ya casi centenaria, puede ser recepcionada, con alguna utilidad, en este momento. Ojalá así sea. Tiene algunos puntos relevantes que ofrecer.

 

 

  • LA RELEVANCIA DE UNA INVESTIGACIÓN SOBRE EL ESTADO DE EDITH STEIN

 

 

3.1. Consideraciones previas.

 

Una Investigación sobre el Estado” puede entregar insumos importantes para enfrentar esta etapa.

“A las cosas” era el dicho de los fenomenólogos cuando resumían su método filosófico. Sin vueltas, sin rodeos, sin ambigüedades. Así es el trabajo de Stein. Es un texto denso. Cada frase es un verdadero versículo, cada una contiene una nueva idea. Abunda en contenidos, en conceptos. Nada está dicho al azar o como mero adorno. Entrega un sinnúmero de nociones relevantes en el contexto del que hemos hablado. No todas pueden ser expuestas en este espacio. Por eso, en esta ocasión, he querido elegir algunas ideas principales que me parecen relevantes para el proceso constituyente que vivimos, las cuales son, básicamente, las siguientes:

 

  1. Rescatar el método del texto como una actitud: “A las cosas”.
  2. Las personas son centrales en la configuración del Estado.
  3. El importante rol de las comunidades en relación con el Estado.
  4. Cuarto punto y a modo de conclusión: el Estado, sin el reconocimiento de sus ciudadanos no es realmente un Estado.

3.2. Ideas que pueden ser un aporte para el proceso.

 

  1. I) Rescatar el método del texto como una actitud: “A las cosas”.

 

En efecto, Una Investigación sobre el Estado está escrita de una manera desprejuiciada. No se nota animosidad en su contenido. Es un esfuerzo racional de envergadura por intentar alcanzar eso que sería el “ser” del Estado, la esencia del Estado.

 

Para entrar a la pregunta ¿qué queremos cambiar de nuestra constitución? es bueno tener algo de esa actitud fenomenológica. Para ello debemos ser capaces de discutir serenamente algunas de las siguientes preguntas previas: ¿Qué es una Constitución? ¿Para qué sirve? ¿Qué no puede faltarle? ¿Qué podría sobrarle? ¿Cuál es el “ser” de una Constitución, su esencia?

 

Quizás de esta manera podríamos lograr encauzar algo más el debate, junto con restringir o adecuar algunas expectativas, no sólo desmesuradas, sino también erróneas. La Constitución no es el lugar para poner todos nuestros sueños y aspiraciones, por lo demás, disimiles e incluso contradictorios entre ellas en una sociedad moderna y pluralista como la nuestra. La Constitución es el lugar para consagrar nuestras instituciones políticas básicas, nuestro catálogo mínimo compartido de deberes y derechos, una nueva oportunidad para reorganizar la estructura del Estado. Esto que puede parecer poco, hoy no lo tenemos. Al catálogo actual le falta el “común”. Y el “común” es en este caso, tan o más importante que el catalogo mismo. Aboquémonos a ese común, que es ya un desafío ambicioso y que por cierto, vale la pena construir.

 

  1. II) Las personas son centrales en la configuración del Estado.

 

La segunda idea que quiero destacar de Una Investigación sobre el Estado es la siguiente: las personas son centrales en la configuración y funcionamiento del Estado. Edith Stein es, como

 

ustedes saben, una personalista. Si bien irá transitando más concretamente a esta postura al incorporar el tomismo a su filosofía, en su camino hacia la fe católica, y si bien también el texto que nos convoca es más uno de ciencia política que de filosofía, podemos vislumbrar en él señales claras de personalismo.

 

En ese sentido,  como ha señalado Juan Manuel Burgos, el elemento clave que define a toda filosofía personalista es “(…) que el concepto de persona constituye el elemento central de la antropología, lo cual significa no solo que se utiliza o menciona ,sino que toda la estructura de la antropología depende intrínsecamente del concepto de persona.. En efecto, para Stein, a diferencia de otros pensadores y juristas de su época, muy relevantes por cierto, como Kelsen o Schmitt, es la persona, y las comunidades en las que ésta participa, la que legitima al Estado, al poder político.

 

Este personalismo de Stein se expresa también, en su concepción de la soberanía. Por un lado,  Stein dice que la Soberanía es una condición sine qua non para constatar la existencia de un Estado: no hay Estado sin soberanía. Pero, la libertad de las personas no sólo es un límite de la soberanía del Estado, sino una condición para su existencia.

 

La reflexión que podemos hacer a propósito de esto, y que pueden ser útil en el actual proceso constituyente, se puede dividir en dos puntos complementarios: en primer lugar, que el Estado existe en razón de las personas. Parece algo archiconocido y compartido, pero no creo que en realidad sea tan así y por eso lo recalco de la obra de Stein.

 

Esto no significa solamente que el Estado no debe atentar y que debe proteger los derechos fundamentales; significa también que el Estado debe dar un trato digno a sus ciudadanos, debe

 

propender a entregar servicios eficientes y de buena calidad, debe actuar de manera oportuna. Por tanto, esto marca un eje, una guía de acción al momento de discutir acerca de la configuración del Estado en nuestra Constitución Política. En segundo lugar, y como elemento correlativo necesario de esto, el hecho de que el funcionamiento correcto del Estado requiere del cumplimiento de ciertos deberes por parte de sus ciudadanos. Y que la exigencia del cumplimiento de esos deberes es también una manera de respetar la dignidad de las personas.

 

III) El Rol de las Comunidades y su relación con el Estado.

 

Podría decirse que Edith Stein no sólo es una personalista, sino que es también una personalista comunitaria. Para Stein, luego de la persona, y como una derivación lógica de su naturaleza social, vienen las comunidades de las cuales ésta participa.

 

El Estado debe estar al servicio de las comunidades. Es la comunidad dice Stein, la que es ya portadora de valor. Más aún, piensa Stein, no es esencial para la comunidad –para la Comunidad del Pueblo, una forma específica de comunidad- adquirir forma de Estado. La organización estatal, dice Stein, no es necesaria sino en la medida en que los individuos manifiesten tendencias que pongan en peligro la vida de la comunidad.

 

Stein, tiene claro que los pueblos en un cierto nivel de desarrollo tienden a la organización estatal. Ella lo dice de la siguiente manera: “La Comunidad del pueblo, en cuanto personalidad creadora de cultura, tiende a una organización estatal; no sólo porque tiene necesidad –como toda comunidad- de verse protegida contra ciertas tendencias que ponen en peligro a la comunidad, sino además

 

porque su particularidad de comunidad actuante y creadora hace necesario un orden estable para esa acción y esa creación”.

 

Sin duda, esto es un aporte fundamental. Es la comunidad del pueblo la que debe ser protegida. El Estado está al servicio de esa comunidad para que pueda desarrollar sus fines espirituales. El Estado no hace valioso a un pueblo. En cambio, es el pueblo quien puede dar perfección a ese valor creador de cultura. El Estado sólo coopera a ese objetivo.

 

En palabras de Stein: “A la comunidad en cuanto tal y, más allá de ella, a la comunidad del pueblo en cuanto personalidad creadora de cultura, les corresponde un valor propio. El Estado, que pone su orden jurídico al servicio de la comunidad, no crea ese valor, sino que contribuye únicamente a realizarlo, y en la medida que lo hace, no le corresponde un valor propio, sino un valor simplemente derivado”.

 

 

  • Conclusión

 

 

  1. A modo de conclusión: El Estado sin el reconocimiento de sus ciudadanos no es realmente un Estado.

 

Finalmente, para Stein, como hemos visto, un elemento clave para la existencia de un Estado soberano, es que éste sea reconocido por sus ciudadanos.  La existencia del Estado – de un Estado en “forma” en lenguaje de Portales- no puede verificarse, para que sus órdenes tengan real fuerza de ley, sin aquellos a quienes esta pretensión se dirige. En efecto es “por medio de este

 

reconocimiento –dice Stein- que se satisface la exigencia de que estos actos son realizados por la totalidad de la comunidad y sean reconocidos por ella como vinculantes. Las disposiciones existen para ser cumplidas. A aquel que da la orden, le corresponde velar porque la orden pueda ser recibida”.

 

He tratado de hacer un somero análisis de algunos aportes relevantes que “Una Investigación sobre el Estado” puede hacer al actual “momento” constituyente que vive Chile. Ese aporte se puede resumir en dos líneas: una cierta actitud para enfrentar el debate constitucional y la conciencia compartida de la centralidad de las personas y sus comunidades en la configuración del Estado.

 

Esta centralidad de las personas, en un estado social y democrático de derecho como el que queremos construir, se demuestra, entre otras cosas, fácticamente: para que una Constitución juegue el rol de proteger efectivamente los derechos fundamentales, se requiere su reconocimiento efectivo de sus ciudadanos. Sólo será soberano, sólo será realmente un Estado, aquél que cuenta con la aceptación de sus ciudadanos libres.

 

He ahí quizás la principal enseñanza de Stein: la soberanía del Estado depende, finalmente, de la consideración real de la dignidad humana de las personas que lo constituyen, y de que ésta comunidad de personas libres lo legitimen.

 

Actualmente, el desprestigio que vive nuestro Código Político menoscaba la soberanía de nuestro Estado y no hace justicia al trato que como ciudadanos libres y dignos nos merecemos. Por ello, creo que es necesaria su reforma.

Espero que algunas de estas enseñanzas de Edith Stein sean tenidas en cuenta. Al menos yo, en lo que pueda, trataré de vindicarlas cuando corresponda.

Interpelación de los niños

Interpelación de los niños

(publicada en La Tercera, 03 de agosto de 2016)

 

¿Cuántos niños más tendrán que morir para que despertemos? ¿Qué otras tragedias tendrán que producirse para que el Sename y nuestra infancia pasen de las secciones policiales de la prensa a las páginas políticas y económicas, es decir, allí donde se toman las decisiones que marcan el rumbo del país?

Es difícil no sentir angustia ante la situación de nuestros niños más vulnerables, los más pobres entre los pobres, pero esa desazón no puede llevarnos a distraer nuestra atención en las preguntas equivocadas. La cuestión fundamental en este caso, no es: “¿quién tiene la culpa?”. Centrarse en ella lleva a olvidar que esta es una historia que se viene escribiendo desde hace décadas, y en estas semanas sólo hemos visto los amargos frutos de omisiones muy antiguas y persistentes.Además, dudo que a nuestros niños les importen mucho las interpelaciones o que ellas vayan a resolver el más pequeño de sus problemas.

La dificultad fundamental para abordar la situación de los niños vulnerables reside en una característica que han adquirido progresivamente: en la escena política nacional, esos niños son invisibles. Ellos no votan, no marchan, no hacen lobby ni se quejan. Su invisibilidad es la contracara de una sociedad que se ha vuelto cada vez más individualista, no obstante la retórica contraria que vemos en las calles, pancartas y grafitis.

El ejemplo más clamoroso de esta prescindencia insolidaria está dado precisamente por la dinámica que han adquirido las reivindicaciones estudiantiles. En la búsqueda de igualdad  y  derechos, este movimiento ha terminado por transformarse en una herramienta para la defensa de los intereses de un sector, de un grupo de chilenos que, en comparación con los niños del Sename, son unos auténticos privilegiados. En un país con recursos tan limitados como el nuestro, les importa más que los estudiantes más ricos puedan gozar de la gratuidad, antes que remediar las carencias materiales y espirituales de esos niños. ¿O nunca se han tomado la molestia de visitar un centro del Sename, ver a esos niños y conversar con las personas que allí trabajan, con una tarea titánica por delante y sin los medios para cumplirla con un mínimo de dignidad?

Nadie discute la necesidad de que las personas que carecen de recursos puedan contar con todo el apoyo para realizar estudios superiores. Pero, tal como algunos la están entendiendo, la gratuidad será un mecanismo que perpetuará las desigualdades, porque busca otorgar beneficios injustificados a muchas personas que en el futuro tendrán los mayores ingresos, y porque no permite ver que el problema de la igualdad de oportunidades no surge cuando un joven termina el Cuarto Medio, sino 15, 16 o 17 años antes.

El país necesita con urgencia un gran acuerdo político a favor de los niños, un acuerdo hecho con espíritu generoso y la mirada puesta en el futuro, que involucre a todos los sectores, y que ponga a los niños en nuestra primera prioridad. Ha llegado el momento de dejarnos interpelar por los niños.

Un golpe a la política

publicado en La Tercera el 06 de julio de 2016

 

http://voces.latercera.com/2016/07/06/soledad-alvear/un-golpe-a-la-politica/

 

 

La discusión en torno al Brexit se ha centrado, antes y después, en sus consecuencias económicas: baja de las bolsas, debilidad de la libra, posibles efectos en el desempleo, etc. Por supuesto que esas repercusiones existen (y nos afectarán a nosotros), pero en primerísimo lugar el Brexit es un problema político.

Permítanme un recuerdo personal. En 2002, siendo Canciller, me correspondió llevar adelante una compleja negociación con la Unión Europea. No puedo negar la impresión que me causó estar frente a los 14 ministros de Relaciones Exteriores, representantes de los países que en ese entonces la componían. Sin embargo, el impacto más grande no fue estar sola representando a Chile ante esas personalidades, sino ver que, en un costado, había nada menos que 11 cabinas de traducción simultánea.

¿Qué mostraban esas cabinas? Una verdadera hazaña política: la Unión Europea había logrado reunir a países de muy diversas lenguas, culturas, tamaños y mentalidades, que se habían enfrentado en guerras donde había habido millones de víctimas. En suma, se trataba de uno de los logros más grandes de la historia de la política, porque, más que la administración del poder, la política es el arte de manejar la diversidad.

Para mí la lección era doble. En primer lugar, esa realidad era un modelo para mi propio país, un ejemplo de que las divergencias no impiden vivir en paz y construir una convivencia genuinamente democrática. En segundo lugar, era una lección para Latinoamérica, donde a pesar de tener la misma lengua, una cultura y haber vivido durante varios siglos la misma historia, no hemos sido capaces de avanzar hacia formas inteligentes de integración.

El Brexit es un gigantesco paso atrás en esa lógica política, una derrota para Adenauer, Schumann, De Gasperi, y todos los que, con altura de miras y confianza en la fuerza de la política construyeron la grandeza europea sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial.

Pero no se trata tan solo de un retroceso histórico en una tendencia positiva. El Brexit supone un error político considerable porque significa no entender que hoy Europa enfrenta algunos graves desafíos que no pueden ser resueltos de manera aislada. A diferencia de la Europa de Adenauer, hoy está muy desarrollada la criminalidad internacional (los delitos se preparan en un lugar y se llevan a cabo en otro); existe la amenaza del narcotráfico y un terrorismo con una inédita capacidad de destrucción; los problemas del medioambiente tienen un carácter global, y estamos en presencia de una enorme crisis migratoria.

¿Puede alguien pensar que uno solo de esos problemas puede resolverse con fórmulas aislacionistas? Mucho menos todos ellos juntos. El Brexit es una ingenuidad política.

Hay, finalmente, otra lección que podemos sacar de este desgraciado suceso. Hoy son muchos los británicos que se lamentan, pero que ese día se quedaron en sus casas. O fueron a votar, pero no movilizaron todas sus energías por la causa de Europa. Hoy lloran, pero es demasiado tarde.

Voto obligatorio

Voto obligatorio

(publicada en La Tercera el 25 de mayo de 2016)

voces.latercera.com/2016/05/25/soledad-alvear/voto-obligatorio/

 

EL AÑO 2014 se celebraron elecciones presidenciales en Uruguay. La participación electoral alcanzó el 88,57%. En noviembre pasado se llevó a cabo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Argentina. Votó el  80,77 % del padrón electoral. En el mes pasado se celebraron elecciones presidenciales y parlamentarias en el Perú, participando el 81,80%. En estos tres países el voto es obligatorio.

En Chile, en cambio, la tasa de participación electoral ha venido cayendo dramáticamente desde un 94,72% en la elección presidencial de 1989 a un 41,98% en la segunda vuelta presidencial de 2013, experimentándose el descenso más abrupto luego de la introducción del voto voluntario, con una caída de más de un millón y medio de votos desde la elección de segunda vuelta presidencial de 2010. Lo anterior a pesar de que, a partir de la inscripción automática y el aumento del padrón de más de cinco millones de votos, se pensaba que ello significaría un aumento significativo de los votantes , lo que no ocurrió en la práctica.

La participación electoral es la savia que alimenta nuestro sistema democrático. No hay hoy en día un peligro mayor para el fortalecimiento de nuestra democracia que la falta de participación en los procesos electorales, ya que con ello se puede llegar a afectar la legitimidad de nuestro sistema democrático que tanto nos costó recuperar.

El voto no sólo es un derecho de los ciudadanos sino también un deber cívico. El formar parte de la comunidad nacional no sólo implica el ejercicio de derechos sino también el cumplimiento de obligaciones mínimas con el país del que formamos parte. Una obligación básica debiera estar constituida por participar en los procesos electorales destinados a definir los destinos de nuestra patria en los diferentes niveles. No resulta congruente que una persona demande al Estado una serie de acciones destinadas a satisfacer sus necesidades individuales o de su colectividad y al mismo tiempo no participe en los actos electorales. Si el elector no se siente interpretado por ninguna de las opciones que se presentan podrá votar en blanco o anular su voto, pero no puede restarse a participar. Es el mínimo compromiso con el propio país.

Por cierto que la promoción de la participación electoral conlleva diversas acciones como la educación cívica, efectuando l@s candidat@s propuestas programáticas, además de dar todas las facilidades de desplazamiento (incluyendo transporte gratuito) a los centros de votación.

Pero el punto de partida lo constituye el restablecimiento del voto obligatorio el que no sólo tiene un significado normativo sino que también simbólico.

Es por ello que propongo se presente una reforma constitucional destinada a restablecer el voto obligatorio. Para que esta reforma esté a salvo de cualquier suspicacia respecto a una definición electoral de este año y el próximo, propongo que esta reforma incluya una disposición transitoria que señale que la misma entrará en vigor sólo con ocasión de las elecciones municipales del año 2020.Llamo a todos mis compatriotas a sumarse en esta campaña nacional por el voto obligatorio

 

 

 

Discurso de Presidenta del Jurado del XX Premio Nacional de Periodismo 2016

Panama, Mayo 2016

1. Del Premio: Sean mis primeras palabras de gratitud al Forum de Periodistas y su Presidente, por esta invitación al XX Versión del Premio que nos ha convocado por una semana en Panamá en un trabajo intenso, desafiante y tremendamente enriquecedor.

Quiero también expresar mi gratitud a mis colegas del Jurado quienes me confiaron la sensible tarea de representarlos como Presidenta de este colegiado, confianza a la que creo haber respondido con entusiasmo y compromiso.

Estos días pudimos experimentar, y creo en esto interpretar a mis colegas, la importancia de este Premio no sólo para Panamá y su periodismo sino también para el desarrollo de esta profesión en la Región y el fortalecimiento de las libertades de expresión e información.

2. La importancia de este Premio para Panamá: Para Panamá este Premio es una forma de incentivar el trabajo periodístico en sus distintas expresiones y también un vehículo que permite exhibir la riqueza panameña en un encuentro sincero e intenso con su identidad nacional, sus raíces y aspiraciones más profundas.

Los trabajos realizados son una manifestación del crisol de razas y culturas que habitan en Panamá, del fenómeno global que inunda sus fronteras y también de aquellas heridas pretéritas o desafíos que la investigación periodística puede resciliar como ninguna otra actividad en el mundo, a partir de juicio directo y la evidencia, el testimonio y la investigación.

3. La importancia de este Premio para el desarrollo de la profesión en la Región: No es casual que año a año el Premio convoque, por un lado, una pléyade de destacados periodistas nacionales que presentan un centenar de trabajos y, por otro, se llame a jurados internacionales que concurren desde distintos lugares, motivados por el desafío intelectual del estudio, la crítica y la valoración.

Digo que no es un azar que esto ocurra porque el Premio ha ido institucionalizando en sus dos décadas de vida, una impronta de excelencia y reconocimiento que van más allá de Panamá y que sus diversos jurados se han encargado además de difundir mundialmente.

Este “circuito virtuoso” ha permitido crecer en conocimiento y hacer del Premio un verdadero “patrimonio regional” que aporta al desarrollo del periodismo en una Región marcada a fuego por la tarea investigativa, por la evolución, y otrora involución, de la libertad informativa, y los desafíos actuales que nos trae la transparencia y la rendición de cuentas.

4. La importancia de este Premio y el fortalecimiento de las libertades de expresión e información: La libertad de expresión del pensamiento es un derecho humano básico.

Es evidente que sin libertad de expresarse es imposible formar opinión pública. También es imposible que los partidos políticos, las empresas, los sindicatos, las sociedades científicas y culturales, y en general, cualquiera que desee influir sobre la colectividad, pueda desarrollarse plenamente sin libertad de expresión.

Nuestra Región vivió a principios de los 90 una serie de cambios sustanciales: tránsitos en gran parte de los países de dictaduras a democracias, contexto en el cual el tejido social y cultural aún estaba marcado por una época de censuras y limitaciones a la libertad de expresión. Quizás una de las conquistas más notables en los 90 fue entonces reforzar nuestras libertades públicas y retomar el impulso para el desarrollo de políticas públicas asociadas a la garantías informativas, a la promoción del arte y la cultura, al desarrollo de un nuevo pacto social para operadores de medios de comunicación y a la producción de un verdadero nuevo Derecho de libertades públicas en donde la información, la transparencia y expresión pasaban a ser piezas fundamentales.

Fui Senadora hasta hace unos años, Canciller en la década pasada y en los 90 ministra de Justicia. En esta última calidad pude apreciar la intensa vinculación entre Estado de Derecho y Libertad de Expresión. Ambos caminan de la mano, y al mismo tiempo, y la experiencia de nuestro continente es, lamentablemente, muy elocuente en exhibir que cuando cae uno, lo hace la otra de manera inmediata, sin importar el orden.

Por décadas el problema de las dictaduras fue no tener Estado de Derecho, y en consecuencia libertad de expresión. Luego, superado esa temporada de regímenes militares, la libertad se recupera pero vuelve a ratos a experimentar riesgos y vulnerabilidades en su ejercicio pleno siendo ésta la que arriesga el Estado de Derecho, a la inversa.

Es por ello que Libertad de expresión es también límite al poder y control social. Invaluable en este sentido es el rol del sistema interamericano de derechos humanos (CIDH, su Relatoria Especial para la Libertad de Expresión y Corte) en su incansable tarea por contribuir a la consolidación del Derecho Internacional en esta materia, constituyendo un espacio de garantías y generando un sistema de control de convencionalidad para las jurisdicciones de los Estados Miembros.

Sabemos que Panamá abraza una profunda vocación en este ámbito y que además integra la CIDH con una distinguida comisionada miembro.

5. Palabras de Cierre: Autoridades, Distinguidos invitados, periodistas participantes, amigos, Embajadores, colegas del jurado. Si pudiéramos sintetizar en una idea el valor de este Premio, podríamos decir que es un verdadero bien público regional, que Panamá nos entrega con generosidad y pasión y cuya huella debe acompañarnos entre premio y premio, entrega y entrega, siendo esta ceremonia sólo una liturgia de recuerdo para una tarea que cubre los 365 días del año.

Dos datos:

1. Según Freedom House, en este momento apenas el 14% de los habitantes de la Tierra viven en países que disfrutan de la libertad de expresión. En el resto del mundo, gobiernos y actores no estatales controlan, más o menos férreamente, el flujo de opiniones o informaciones de los ciudadanos y, en muchos casos, reprimen brutalmente a las voces independientes o críticas.

2. De acuerdo a información de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH en los últimos años 11 países aprobaron leyes sobre acceso a información en el Continente, destacando en este grupo los casos de México, Perú, Uruguay y Chile.

Nuestra Región entonces está preocupada y trabajando. No está dormida y esta vigésima edición del Premio Nacional de Periodismo nos ha permitido encontrar periodismo predominantemente vigoroso, valiente y robusto.

Por eso, más allá de quiénes han sido los ganadores, que serán conocidos en pocos minutos más, felicitamos desde el Jurado a la mayoría del periodismo panameño que, nos parece, ha sabido estar a la altura de las circunstancias convocadas y su aporte quedará inscrito, más allá de esta Distinción, en el corazón y la razón de todo nuestro continente y comunidad Iberoamericana.

Porque Panamá es un hub de muchas cosas y, dentro de ellas, quizás una de las más importantes: es ser una plataforma para la libertad y la democracia.

Muchas Gracias.

La grandeza de Angela

La grandeza de Ángela

(publicado en La Tercera el 16 de marzo de 2016, http://voces.latercera.com/2016/03/16/soledad-alvear/la-grandeza-de-angela/ )

 

Mientras los británicos discuten si se quedan o se van de la Unión Europea, los franceses están enfrascados en la lucha contra el terrorismo islámico. Sus vecinos del sur en Madrid discuten de la sin razón de no poder conformar gobierno. Licuadas las mayorías de la democracia española, menuda tarea tiene por delante el Rey Felipe VI. En medio de ese complejo panorama regional, se suma el Medio Oriente en guerra, expulsando de sus tierras a millones de seres humanos desesperados por una vida digna. La vida de personas que tienen caras e historias exigen una ética de la convicción, la que solo puede prevalecer en líderes con carácter. Esa estampa que surge de quienes ponen ideales por sobre el cálculo frío de las políticas de salón. Esta es la hora de una mujer que no pone las encuestas por sobre su fe más íntima.  Prefiere el juicio de la historia por sobre la borrachera populista de muchos . Es la coyuntura crítica donde la figura de Angela Merkel se eleva por sobre el resto de sus congéneres en el poder europeo, y por cierto, la erigen en un personaje imprescindible de la Europa que amanece a la realidad del siglo XXI.

Es el humanismo de una líder que entiende su rol. Alemania fue la nación que cayó a lo más bajo del fondo moral. No hay palabras que expliquen la bancarrota moral del nazismo y su putrefacta estela de miseria, muerte, discriminación. La sangre de millones derramada en los campos de batalla por el ideario absurdo de una pretendida superioridad racial. Sin embargo, y gracias al liderazgo de Merkel, es la misma nación que hoy muestra una humanidad que es faro para los que sufren. La semana pasada se mostraban a refugiados sirios ondeando la bandera alemana en un campo de acogida en Turquía ¡Que más gráfico reflejo!

Esa bandera se ondeaba porque Merkel entiende su rol moral en el mundo actual. No escucha a los orejeros que le piden seguir la decadencia de otros en el continente que quieren limitar al máximo la llegada de seres humanos adoloridos. Porque la líder alemana asume que este es un tiempo nuevo. La discípula de Helmut Kohl, quien cerró la guerra fría, es la que abre la nueva Alemania del siglo XXI. Las protestas neo nazis de unos pocos no pueden frenar los miles que han salido en varias estaciones de trenes a darle la bienvenida a quienes llegaron. Merkel en medio de la crisis, surge por sobre izquierdas y derechas. Su gobierno de gran coalición une a social demócratas y social cristianos en un ideario común: el ser humano.

Nada mal para una mujer considerada por algunos como aburrida. Una doctora en Fisicoquímica que cambió los laboratorios por los corazones de sus ciudadanos. Porque la coyuntura genera las condiciones para que el ser humano tome partido. Pero se requiere grandeza para hacer lo correcto cuando todos dicen lo contrario. La Canciller no se equivocó. Devolvió a Alemania al corazón del humanismo. La capital de la barbarie que fue hace unas décadas es hoy el faro de la libertad en el siglo XXI. Eso no es casualidad. Angela entró por las puertas anchas de la historia.

“Patricio Aylwin Azocar Una vida republicana: convicción, política y doctrina.”

 

“Patricio Aylwin Azocar

Una vida republicana: convicción, política y doctrina.”

intervención de Soledad Alvear en la presentación del libro sobre el ex Presidente de la República, don Patricio Aylwin Azócar. (11.3.16)

 

  1. Introducción

“La aventura podrá ser loca, pero el aventurero, para llevarla a cabo, habrá de ser cuerdo”, dijo alguna vez Chesterton, refiriéndose al requisito para realizar con éxito grandes cosas. La mayoría de nosotros transitamos por esta vida sin grandes sobresaltos, sin sostener en nuestras espaldas el destino de otros, ni sometidos a grandes encrucijadas morales. Pero cuando ellas llegan sabemos de la madera de la cual estamos hechos. Por ello, todo relato personal es digno de ser construido, cualquier historia particular es una aventura, aunque sea una anónima. También hay otras que están destinadas a lo público, historias personales que por su relevancia son de conocimiento común. En efecto, existen algunos a los cuales les toca protagonizar los tiempos que viven y cuyas decisiones tienen huella en millares de personas. En consecuencia, la manera en que se conduzcan tiene una especial importancia. El libro que nos convoca es una oportunidad para hablar sobre la vida de un político y de un hombre excepcional, que afrontó con singular fortaleza y acierto cada una de sus encrucijadas.

Así es. A Patricio Aylwin le tocó –por nombrar sólo algunas de sus principales hazañas- participar en los inicios y consolidación de un partido que vendría a romper los esquemas de la política chilena; ser el presidente de dicho partido cuando su candidato conformó un inédito gobierno de partido único;  erigirse como uno de los líderes de la oposición a la dictadura; en fin, ser elegido como el primer presidente democrático , con el dictador sentado  en el puesto de Comandante en Jefe del Ejército. Qué duda cabe: ha tenido una vida intensa. Siendo ex Presidente de la Republica  volvió a presidir la Democracia Cristiana cuando el partido pasó por un momento difícil.

Su testimonio es inmenso. Este libro nos da la posibilidad de recordarlo. Y vale la pena hacerlo hoy que vivimos en tiempos algo desmemoriados. Todo tiempo sufre de aquellos que creen que la historia comienza con ellos, que desconocen el pasado y lo evalúan desde la más atrevida ignorancia. La obra de Patricio Aylwin, aun con todos los reconocimientos que ha tenido, no ha sido todavía calibrada en toda su dimensión. Se trata, como dice el título del libro, de una vida republicana, de una ejemplar clase de política, doctrina y convicción.

Pretendo compartir algunas ideas que la vida de Patricio Aylwin me inspira. Lo haré guiada por esa trilogía, por ese trío simbiótico que eligieron los editores, que da título al libro, y que hace que su vida sea un ejemplo de servicio a la república.

 

  1. [Desarrollo]
    • [Trilogía]
      • [Doctrina]:

Una doctrina es un conjunto coherente de ideas u opiniones religiosas, filosóficas, políticas, etc., sustentadas por una persona o grupo. Una doctrina es algo bien escaso en el mundo público de hoy. Estoy convencida, como ha señalado Michael Sandel, de que una de las razones del desgaste de la política actual, de su falta de sintonía con el electorado, -no sólo en Chile sino también en las más importantes democracias occidentales-, es que el lenguaje de la política se ha ido tornando vacío, concentrado en las formas, en los procedimientos, exento de deliberación, a lo más provisto de eslóganes de fácil repetición y corta profundidad. Pocos políticos se atreven hoy a señalar cuáles son los fundamentos de su actuar, si es que los tienen. Si las posiciones fundantes del debate se mantienen ocultas, éste se empobrece, pierde su esencia y los políticos no pueden cumplir con su primera misión: deliberar. Con ello, la  búsqueda del bien común y el autogobierno se ven disminuidos como ideales. La misma democracia pierde parte importante de su valor. Y es que lo más importante en una persona, y especialmente en un político, es su particular visión del hombre y del universo. Antes que saber qué opina sobre el sistema de transportes o de energía, deberíamos preguntarles sobre esto.

Patricio Aylwin nunca ocultó la suya, más bien la reveló durante toda su carrera. Quisiera destacar una de las ocasiones en que hizo esto con especial brillo.  En su proclamación como candidato a Presidente de la República el año 1989, le dijo al país lo más importante que éste debía saber de él:

Soy –dijo Aylwin- chileno de clase media, amante de mi familia y de mi patria (…).

Creo en Dios.

Creo en el hombre. En la dignidad superior del ser humano.

Por lo mismo, creo en el pueblo. En la sensatez, el sentido común, la sabiduría innata del hombre común.

Concibo la vida como una tarea. Desde niño sentí que mi tarea es la justicia, luchar por la justicia. Y eso he procurado hacer durante toda mi vida. Por eso fui abogado y profesor de derecho. Por eso me hice político: para luchar por la justicia para nuestro pueblo.

Por ser cristiano, busco primero el reino de Dios y su justicia y espero que lo demás llegue por añadidura. Por ser demócrata, creo en la capacidad y en el derecho del pueblo a decidir por sí mismo sobre su destino, defiendo la libertad de mi adversario y he aprendido a respetar siempre las opciones discrepantes de las mías. (…)

Entiendo el poder como un instrumento para servir. Creo en la razón y en el derecho. Concibo a la fuerza sólo como instrumento de la razón y del derecho. Rechazo terminantemente la violencia.

Soy hombre de partido. Desde hace medio siglo, soy demócrata cristiano, porque creo en los valores y principios del humanismo cristiano”

En esta pequeña declaración de principios vemos a un hombre, a un político, que puede ser respetado. Sabemos quién es, sabemos por qué última razón hace las cosas. Quiero partir por reivindicar eso: para deliberar, para cumplir con el ideal autogobierno, para confrontar posiciones, para guiar, para conducir, para liderar, para profundizar la democracia, para reencantar a los ciudadanos con la política, para lograr acuerdos, para negociar, para conformar coaliciones estables, lo primero que tenemos que hacer es decir en qué creemos. Por qué estamos aquí. Qué nos mueve. Con voz fuerte y clara. Lo primero que quiero hacer hoy es reivindicar esa enseñanza de Patricio Aylwin.

 

  • [Política]

Vamos a lo segundo. La vocación política de Patricio Aylwin. Dicho en pocas palabras, la política es, por un lado, el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los estados; y, por otro, la actividad de quienes rigen a aspirar los asuntos públicos. En efecto, Patricio Aylwin tuvo como profesión promover la opinión de su partido con referencia a cómo debía gobernase Chile.

Y la política de Patricio Aylwin tuvo la virtud, a lo largo de su vida, de fundarse en un análisis de la realidad que acepta sus complejidades sin maniqueísmos, que se hace cargo de sus contradicciones, que no admite certezas fáciles, que trata de vislumbrar en cada momento lo correcto a la luz de los principios. Cualquiera que revise este documentado libro, se dará cuenta que Patricio Aylwin no es una especie de caricatura del consenso a cualquier costo, como lo han querido presentar a veces sus adversarios. El actuar político de Patricio Aylwin ha sido duro o conciliador dependiendo de lo que ameritaba el momento. En efecto, alguno de sus discursos son poco menos que incendiarios; otros, en cambio, llaman rotundamente a la calma.  Pero en esa pluralidad hay un hilo une. Un artículo de este libro se titula “Fortiter in re, suaviter in modo”, es decir, “Fuerte en la cosa, suave en el modo”.

Veamos algunos ejemplos de este modo de ser en política, revisando un poco su historia:

En 1959, como un joven Presidente del Partido Demócrata Cristiano, consultado sobre el Gobierno de Jorge Alessandri, se manifiesta ese espíritu más sosegado que lo habita:

“No creemos –dijo Aylwin en esa ocasión- que el papel de la oposición sea oponerse a todo y encontrarlo todo malo y desear que el gobierno fracase. No, que el gobierno haga lo mejor que pueda y si actúa en nuestra línea tendrá nuestro apoyo; pero el gobierno es el gobierno y nosotros quedamos en nuestra posición”.

Varios años después, durante el Gobierno de Frei Montalva, Patricio Aylwin desde la Presidencia del Partido Demócrata Cristiano, fue, en sus propias palabra el “lugar teniente” del Jefe de Estado. Jugó este rol tanto para defender al gobierno de las críticas provenientes de la oposición, que atacaba por los dos flancos, por la izquierda y por la derecha, como de los conflictos y problemas internos del Partido Demócrata Cristiano, que, como sabemos, no fueron pocos. El gobierno de Frei Montalva, uno de los más exitosos y reformadores de los que tenga conciencia nuestro país, tuvo en Aylwin su escudero. Su lealtad con el gobierno y con el presidente Frei Montalva es legendaria. Y si hubo que subir el tono, Aylwin lo hizo.

Así, por ejemplo, ante la actitud de la derecha que se oponía a la Reforma Agraria Aylwin señaló:

“Sólo la resisten quienes no comprenden la marcha de la historia (…). Porque, para ellos, el Derecho es sinónimo de un orden establecido que ampara determinado régimen económico social; es sinónimo de protección a determinados intereses creados.

Recordemos que Patricio Aylwin tuvo un importante rol en el proceso de Reforma Agraria al ser autor de un proyecto que agilizó el proceso de expropiación: Ley N° 17.280 o Ley Aylwin.

En efecto, su fe en lo que se estaba haciendo era inmensa. Convencido de ello, a finales del gobierno de Frei Montalva señalaba lo siguiente:

“Con todo, ninguna interpretación podrá borrar de la conciencia de las mayorías populares, especialmente de los campesinos y de los pobladores, el conocimiento, por experiencia propia, de que en esta etapa de la Democracia Cristiana, ha operado en su favor el cambio más profundo y el de mayor progreso de que tengan recuerdo

 

Luego del golpe, tempranamente comenzó a denunciar los atropellos del régimen y fue opositor. En enero de 1974, la Directiva de la DC, que presidía, envía una carta a la Junta de Gobierno con copia a la Corte Suprema, manifestando la preocupación por los atropellos a los derechos humanos. Luego de ello,  prohíbe la participación de demócratas cristianos en cargos políticos del régimen. No le tiembla la mano para expulsar del partido a quienes no hicieron caso de esa instrucción, entre ellos algunos que consideraba amigos cercanos. Continúa luchando desde diferentes frentes. En 1976, agotado, deja la presidencia del partido. Según él, estos son los años más difíciles de su vida, al tomar conciencia de la magnitud de los atropellos del régimen, y que éste pretendía eternizarse en el poder.

Con todo, su retiro de la primera línea es breve. Luego del evento de Chacarillas, y conocido que el régimen comenzaría a redactar una Constitución para intentar legitimarse, crea el llamado “Grupo de los 24”, un colectivo académico jurídico político con miembros de todos los sectores contrarios a la dictadura, muchos de ellos hasta hace poco en bandos opuestos. Esta sería una primera instancia de reencuentro, premonitoria de las que se crearon después para articular la oposición a la dictadura, de las cuales también Patricio Aylwin fue protagonista,  tales como el Acuerdo Nacional para la Transición a la Democracia y la creación de la Concertación de Partidos por la Democracia.

Como se puede ver, el actuar político de Patricio Aylwin, estuvo, en cada momento, a la altura de lo que se requería.

 

  • [Convicción]

El tercer integrante de la trilogía que da nombre a este libro son las convicciones de Patricio Aylwin. Una convicción, recordemos, es un convencimiento, una idea  ética o política a la que se está fuertemente adherido.

Yo quisiera hoy rescatar tres fuertes convicciones de Patricio Aylwin: su fuerte  adhesión a la democrática, su opción preferencial por los pobres, y su  vocación por la paz y la reconciliación.

 

  • [Opción preferencial por los pobres]

Hablemos primero de la opción preferencial por los pobres de Patricio Aylwin. Esta es una convicción que modula, que da forma, a su actuar político. Ya en 1959, en la Primera Convención Nacional del Partido Demócrata Cristiana, tenía meridianamente clara esta orientación.

 

30 años después esa convicción no ha perdido ni una pisca de su fuerza. En efecto, en su discurso en el Estadio Nacional, recién asumido como presidente, Aylwin declaró las que serían la pauta de su gobierno:

“Habrá dificultades causadas por los obstáculos y amarras que el pasado régimen nos deja en el camino… Hay muchas necesidades largamente postergadas que deberán ser satisfechas. No podemos hacer todo al mismo tiempo. Debemos establecer prioridades. Lo justo es empezar por los más pobres”

Esta opción, vale la pena recordarlo, no fue una mera declaración. El Gobierno de Patricio Aylwin fue exitosísimo en su combate a la pobreza. Patricio Walker, en efecto, recuerda las principales cifras en estas materias de ese gobierno, en el prólogo del libro que nos convoca: aumento del gasto social en  un 32% gracias a una reforma tributaria que logró y la reducción de la pobreza en 10 puntos porcentuales, entre otras.

Quise destacar esta convicción de Patricio Aylwin, porque la opción preferencial por los pobres, por los débiles, por los marginados, es el aporte principal y distintivo que pueden hacer los políticos de inspiración cristiana a la sociedad. El fundamento del humanismo cristiano es el personalismo: una visión del hombre no como mero individuo sino que como persona, como prójimo, como alguien que merece ser tratado de la misma manera que yo merezco serlo. Por eso para los humanistas cristianos, nuestro principal desafío es aumentar la esfera de inclusión, expandiendo el radio de los incluidos hasta que no quede nadie afuera, hasta que todos los miembros de una sociedad sean tratados como se merecen. Esa es la enseñanza social más importante del Evangelio, resumida en la parábola del buen samaritano, y esa es la guía más importante de un político de inspiración cristiana. Yo reivindico esa fuerte convicción de Patricio Aylwin, que me ha servido también a mí de profunda inspiración.

Como su Ministra del Sernam me correspondió crear el Programa Mujeres Jefas de Hogar, de Violencia Intrafamiliar incluida la ley al respecto, incidir en el cambio de los textos escolares que reproducían roles públicos para hombres y domésticos para mujeres, de Filiación para dar igualdad a nuestros hijos ,Programa de cuidado de hijos(as) de temporeras , entre otros.

 

  • [Convicción Democrática]

La segunda convicción que quiero destacar es la convicción democrática de Patricio Aylwin: su fe en el autogobierno, en la autodeterminación del pueblo, en el estado de derecho, en la libertad, en el reformismo profundo en un marco de respeto a los derechos individuales. Esto lo llevó a convertirse en abogado; a ser redactor de importantes leyes cuando fue parlamentario; a denunciar las que consideró eran transgresiones al derecho durante la Unidad Popular; a convertirse en un acérrimo detractor de la dictadura; a considerar que éste debía ser derrotado dentro del orden jurídico vigente; en fin, a proponer como uno de los objetivos principales de su gobierno la normalización democrática.

Un discurso de Patricio Aylwin denominado “Llamar por su nombre”, publicado en la revista Política y Espíritu, previamente al plebiscito, y que recoge el libro, resume de excelente forma esta convicción democrática. Me gustaría recordar  aquí algunos de sus párrafos. Se trata de una proclama emocionante:

“Quisiera esta tarde – dijo Aylwin- dar respuesta a esa sombrosa preocupación de los personeros oficialistas sobre la falta unidad de los sectores democráticos. Quiero decirles que estamos de acuerdo, mucho más de lo que ellos creen y muchos imaginan”.

Estamos de acuerdo, en primer término en llamar las cosas por su nombre. Llamar democracia no a lo que ellos llaman “democracia protegida”, que es un régimen de cesarismo presidencial sujeto a tutela militar, sino que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, fundado en el respeto de los derechos de la persona humana

Estamos de acuerdo en llamar libertad, no a lo que ellos llaman una “sociedad libre” que lo que le permite a los hombres de negocio libertad para ganar dinero, sino una sociedad fundada en el reconocimiento de la dignidad de toda persona, en la libertad de todo hombre y en el ejercicio libre de todas las libertades esenciales de la persona humana. Estamos de acuerdo en llamar justicia no a esta vergüenza de justicia nacional, que no es capaz de descubrir a los asesinos de a los autores de los desaparecimientos ocurridos en los últimos catorce años, que cierra los ojos y tapa la vista ante los crímenes de que clama el pueblo, que no descubre la tortura ni nada de lo que a país le interesa y que, en cambio, agota sus esfuerzos, a través de ese escándalo que es llamado justicia militar, en una mascarada en que el juez, es a la vez juez y parte, y no tiene ninguna de las cualidades de un verdadero juez”

Este es el manifiesto de un valiente demócrata.

 

  • [Convicción por la Paz y la Reconciliación]

Sin duda alguna, Patricio Aylwin puede ser considerado el padre de la reconciliación chilena. Recibió un país fracturado en dos, nos dividían entre amigos y enemigos y entregó uno donde la reconciliación comenzaba a ser posible. Pero la reconciliación, al contrario de cómo algunos suponen, no significa esconder lo que nos separa debajo de la alfombra; no significa la impunidad con el objetivo de mantener las aguas quietas. Su convicción por la paz se manifestó de muchas formas, pero yo quiero recordar hoy la que me parece más simbólica e importante. El camino más fácil era el de haber omitido comenzar a investigar los crímenes de la dictadura, o haber pospuesto esta misión bajo cualquier excusa, como la prudencia o la estabilidad. No hay duda de que más de alguien debió haberle sugerido ese camino. Pero para que existiera paz, el presidente Aylwin sabía que debía haber verdad sobre los crímenes, sabía que la primera palabra de su gobierno, el primer reconocimiento, debía ser para las víctimas de la dictadura. Por eso, su primer acto relevante, el 25 de abril de 1990, habiendo asumido recién el 11 de Marzo, fue crear la “Comisión de Verdad y Reconciliación”, conocida como la “Comisión Rettig”. Ese gesto es manifestación de su convicción por la paz y la reconciliación. Todos recordamos cuando, con lágrimas en los ojos, entregó al país los resultados de la investigación hecha por la Comisión, y luego procedió a pedir perdón a las víctimas y a sus deudos, por tantos años de injusticia y silencio, a nombre del Estado. Sólo así pudimos comenzar a soñar con sanar las profundas heridas que dejó la dictadura, y que aún hoy no están del todo cicatrizadas.

 

  1. [Cierre]

Si para algo deben estar los humanistas cristianos en política es para intentar ejemplificar con el testimonio personal que es posible la excelencia, para entregar propuestas de bien común, para promover la opción por los pobres y débiles, para ser mensajeros de la paz y de la justicia. Patricio Aylwin ha sido fiel como pocos a esa vocación.

Recuerdo su rigurosidad al tratar los distintos temas del país. Solo un ejemplo. Siendo Presidente, antes de enviar el proyecto de ley de filiación,  se encerró un fin de semana en Cerro Castillo para estudiarlo con acusiosidad. El teléfono rojo me sonó permanentemente, porque quiso hacer su aporte a muchos de los artículos del proyecto o me consultaba sobre diversos aspectos del mismo. Le interesaba que las iniciativas legales entraran al Congreso con todos los aspectos claros de su iniciativa y su relación era directa con sus Ministros, sin asesores, ni segundo piso. Los Ministros(a) éramos sus colaboradores y fue siempre leal a ello.

 

 

Pero hay algo que quiero agregar como cualidad de un político para ser completo. La calidad humana de don Patricio, expresada permanentemente. Su sencillez ,  ha vivido en la misma casa que ha mantenido durante toda su vida, su valoración por las personas y el orgullo y preocupación por cada uno de los integrantes de su familia. Su honestidad, el respeto hacia todos(as), su capacidad de escuchar y dialogar.

Su coherencia entre la vida pública y privada, su modestia, Cada vez que me reúno con él, lo hace con tal interés, que me hace sentir como la persona mas interesante para él. Le encanta escuchar, hace muchas preguntas y luego dialoga entregando su opinión reconociendo el modesto aporte que cada uno puede haberle entregado. Te acompaña a la puerta de su casa cuando te vas de ella.

 

 

Mis hijos no lo olvidarán jamás, subiendo el Cerro San Cristobal junto a sus nietos los días domingo. Siempre envía los saludos a la familia, recordando sus nombres.  Está presente en los momentos mas especiales: nacimiento de los hijos, enfermedad u otros problemas. En Noviembre pasado nos acompañó en la Misa por el fallecimiento de mi suegro.

Hoy hace su contribución en el Grupo de los “Cardenales”, en el que participan los militantes mas antiguos del PDC a almorzar cada mes, para compartir temas de actualidad o discutir documentos previamente repartidos o escuchar a un invitado especial. El es solo uno mas del grupo.

 

Con mucho cariño y respeto debo decir, que es el político con quien he trabajado que mas admiro. He intentado en mi vida pública modestamente seguir sus enseñanzas.

Patricio Aylwin no le pertenece ni a los humanistas cristianos, ni a la Concertación. Su legado le pertenece a todos los chilenos(as). Todos(as) podemos sentirnos orgullosos de él.

En efecto, la vida de Patricio Aylwin es la de alguien que se hizo tempranamente la pregunta que Kennedy hizo célebre: su vida ha sido la aventura de responder constantemente a la pregunta acerca de en qué podía servir a su país.

Y vaya que lo ha hecho.

 

Muchas gracias

 

Crisis Ambiental

Crisis ambiental (publicada en La Tercera el 09/12/2015)

http://voces.latercera.com/2015/12/09/soledad-alvear/crisis-ambiental/

 

 

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El problema ambiental que aqueja a la humanidad, es mucho más amplio que el cambio climático. La degradación de nuestro entorno más bien parece responder a una exacerbación y/o distorsión del derecho de propiedad sobre la tierra, como también, a una desviación del antropocentrismo cristiano, que, situando al hombre en el centro, ha llevado a que conceptos como el trabajo a través de la explotación de la tierra y el legítimo goce de sus frutos, haya degenerado en un aprovechamiento irracional e ilimitado de nuestros recursos, amparados en un falso concepto de la libertad. S.S. Francisco profundiza con particular claridad en estas ideas en su Encíclica “Laudato Si”.De este modo, cabe preguntarse; ¿está en París la salvación de nuestro Planeta? No lo veo así. Con todo, la COP21 (forma abreviada del inglés para denominar la vigésimoprimera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático), constituirá para cualquier efecto, un indicador muy significativo para obtener por parte de los máximos líderes políticos del mundo una aproximación concreta respecto a la relevancia que le asignan a un fenómeno indudablemente preocupante, como es el calentamiento global, provocado principalmente por el uso desregulado de combustibles fósiles como fuentes preponderantes para la generación de energía.

De este modo, si no existe un acuerdo que permita reducir emisiones de CO2 para evitar el aumento en la temperatura global, como tampoco recursos que permitan a los países vulnerables adaptarse a los impactos del clima (como es el caso de Chile, principalmente la desertificación en la zona centro norte), se hará muy difícil presumir que existirá voluntad para reemplazar los actuales patrones culturales que forjan los distintos modelos de desarrollo, de manera de revisar sus estructuras de crecimiento económico, protección del entorno y equidad social.

En consecuencia, esta Conferencia debiese reflejar en sus resultados, más allá de las proyecciones o estimaciones en la disminución de la temperatura a nivel planetario, el potencial político que existe para generar las bases de entendimiento que permitan revisar los modelos desarrollo.

Abordar conceptos como “refugiados climáticos” o fenómenos migratorios asociados a la imposibilidad de habitar determinados territorios, son hechos de carácter político que exigen soluciones políticas. Tales soluciones se podrán encontrar en la medida que exista una voluntad real de las naciones por rediseñar sus modelos de desarrollo, al punto de discutir sobre qué debemos entender por “detener la marcha”, como también señalara S.S. Francisco en materia de crecimiento económico.

Por esto, la verdadera “salvación” se producirá en la medida que se entienda que lo que enfrenta la humanidad es mucho más profundo que el problema climático; tiene que ver más bien con nuestra forma de entender la evolución de nuestra especie y una mirada integral de la crisis ambiental.

 

http://voces.latercera.com/2015/12/09/soledad-alvear/crisis-ambiental/

GLORIA A DIOS IV: LA GLORIA EN EL PENSAR LA FE’

El pasado martes 17 de noviembre presente el libro “GLORIA A DIOS IV: LA GLORIA EN EL PENSAR LA FE’ del sacerdote jesuita Padre Juan Ochagavía.

 

Les comparto mi presentación

 

 

En primer lugar quiero agradecer la gentileza del P. Juan Ochagavía, de haberme invitado a comentar su libro que reúne una colección de artículos y ensayos sobre teología y actualidad publicados a lo largo de muchos años.

 

Quiero señalar, que como católica que participa en la vida pública, los textos del P. Ochagavía me han interpelado profundamente, no solo por las temáticas que aborda, las cuales son muy sensibles para los laicos que buscamos animar las estructuras temporales desde el Evangelio, sino porque además me han sorprendido la manera en que los artículos y ensayos guardan una vigencia actual a pesar de que muchos de ellos fueron escritos hace varias décadas.

 

Son textos que tuvieron la virtud de adelantarse a su tiempo, olfateando los vientos que soplaba el Espíritu Santo con el Concilio Vaticano II, en el cual el P. Ochagavía tuvo una participación muy destacada acompañando a nuestro querido Cardenal Raúl Silva Henríquez como teólogo asesor; y que hoy vemos reafirmados con el magisterio del primer Papa latinoamericano.

 

Así que, permítame agradecerle sinceramente Padre Juan no solo por el honor de comentar su libro, sino por la oportunidad de leer textos que nos ayudan a profundizar, animar y armonizar nuestra vida de fe con nuestra participación en el mundo, pero sobre todo, como usted lo señala en el prefacio, este libro es una oportunidad para reconocer y encontrar la presencia de Cristo en la historia.

 

Por una cuestión de tiempo, me quiero detener en forma particular solamente en tres capítulos:

 

  1. El proceso de secularización: luces y sombras.

 

En primer lugar, me permito comentar el artículo del capítulo segundo el cual aborda el proceso de secularización. El artículo fue escrito en el año 1967, tan solo dos años después de que había concluido el Concilio Ecuménico Vaticano II; en el cual se analiza un tema que “había salido con fuerza en el Sínodo Arquidiocesano de Santiago de 1967”: las luces y sombra del secularismo.

 

El auto aborda los orígenes del término, así como la distinción que se da en la historia entre secularismo y secularización; nos advierte de las tentaciones de satanizar al secularismo reconociendo solamente los aspectos negativos del mismo; así como también el error de considerar que es un fenómeno exclusivo de la modernidad, lo cual nos muestra que es falso ya que en el mismo medioevo existía el fenómeno de la secularización; y también nos propone el término de ‘secularidad’ para denominar a la actitud positiva de “tomar en serio, dentro de la fe, al hombre y al mundo en su valor propio”.

 

Este tema –el de la secularidad y sus aspectos positivos- me parece muy relevante en la actualidad para los cristianos que participamos en la vida pública. En el fondo, se trata de la forma en que la Iglesia se aproxima a la modernidad, pues existe el peligro de interpretarla –a la modernidad y sus consecuencias- en clave exclusivamente pesimista, reconociendo solamente los aspectos negativos de la misma y llevando por tanto a cristianos a la automarginación de la sociedad, a la desconfianza como forma de relacionarse con la realidad y por tanto en la concepción de una Iglesia como un lugar donde hay que “atrincherarse” para tratar de “salvar los pocos valores” que quedan.

 

Esta postura que desde luego está equivocada, fue derrotada claramente en el Concilio Vaticano II, en donde la Iglesia abrazo una forma diferente de relacionarse con la modernidad, pasando de la condena reflejada en documentos como el Syllabus de 1864[1] al discernimiento de los aspectos positivos y negativos de la época moderna ejemplificado en la constitución Gaudium et Spes[2], la cual reconoce los gozos, las esperanzas, las tristezas y las angustias de su tiempo:

 

“Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir. Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo de su libertad, y entretanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psicológica… Se aumenta la comunicación de las ideas; sin embargo, aun las palabras definidoras de los conceptos más fundamentales revisten sentidos harto diversos en las distintas ideologías”[3].

 

Es decir, no solo se señalan las sombras, sino que también se reconocen las luces de la modernidad. Este tema para el acervo humanista cristiano es muy sensible, es lo que Jacques Maritain llamaba la ambivalencia del mundo y el ideal histórico concreto, porque entendemos que en cada época el trigo y la cizaña crecen al mismo tiempo, y por tanto

 

“el cristiano debe esforzarse todo lo posible por realizar en este mundo, en modo relativo y según el ideal concreto que conviene a las diversas edades de la historia, las verdades del evangelio.”[4]

 

La tentación, es la de renunciar a discernir, renunciar a reconocer lo positivo y lo negativo que tiene la modernidad, en el fondo es olvidarse que el mundo proviene de un Creador bueno y por tanto, renunciar a buscar su presencia en los signos de los tiempos. Porque, conforme a lo que señalaron todos los Obispos en Aparecida, el discernimiento implica “una actitud de permanente conversión pastoral”  para “escuchar con atención” lo que el Señor nos dice en el tiempo.[5]

 

Esta renuncia lleva a los cristianos a convertirse, según palabras del Papa Francisco, en “generales de ejércitos derrotados antes que simples soldados de un escuadrón que sigue luchando”[6]. Es la tentación de “la conciencia de derrota que convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo. El que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y entierra sus talentos”[7]

 

Por eso el Padre Ochagavía nos señala que parte del descrédito actual de la Iglesia se debe a que “no se supo tomar una actitud más positiva frente al mundo” y se renunció a “encontrar a Dios donde está, es decir, en el mundo.” Es la tentación de las herejías maniqueas, que llevan a pensar que la vida fuera del monasterio es terreno de perdición y que por tanto es imposible construir el reino en medio del mundo, en campos como la política, la cultura o el arte.

 

La Iglesia después del Concilio Vaticano II, se ha preocupado por mostrar con claridad el testimonio de santidad de tantos hombres y mujeres ‘seculares’, es decir, que se encuentran insertos en el mundo. Tan solo el pontificado de Juan Pablo II elevo a los altares a 514 laicos, y en los últimos años se han sumado más casos como los de Robert Schuman, Ex Ministro de Relaciones Exteriores de Francia; Giorgio la Pira, alcalde de Florencia; el arquitecto Antonio Gaudi creador de la Sagrada Familia; el médico Jerome Lejeune descubridor del síndrome de Down; entre tantos más, declarados siervos de Dios, quienes se caracterizaron –tomando las mismas palabras del Padre Ochagavía- por una secularidad cristiana, es decir “por tomar en serio la realidad del mundo, valorándola en su contenido y respetando sus leyes”.

 

Y es que un secularismo sano, no solo reconoce los aspectos positivos de un Estado laico, sino que además busca que lo profano y lo temporal tengan plenamente su función y su dignidad de fin y de agente principal… Lo temporal se subordina a lo espiritual, pero no como ocurría en la Edad Media que era una subordinación instrumental, sino como agente principal también pero menos elevado; y el bien común temporal tiene valor por sí mismo y no solo como medio para la vida eterna[8].

 

Por otra parte, me llamo poderosamente la atención que se señalara en el artículo, que un peligro de la secularización actual sea la reducción de la fe a la ética, reduciendo el papel de Cristo al de un modelo; este es el peligro que Benedicto XVI señalo en la conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida:

 

“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva  reduciendo a Cristo al papel de un modelo”[9]

 

Y es que justamente muchas veces en ambientes ‘conservadores’ donde precisamente se han atrincherado frente a las amenazas de la secularización uno puede observar al mismo tiempo el desfiguramiento del mensaje de la Iglesia señalando que el evangelio depende y  brota de algunos principios éticos, es así como se termina convirtiendo la defensa de algunos principios como la batalla permanente y única de la Iglesia.

 

Al negarse a discernir lo positivo que tiene la secularidad, son incapaces de reconocer otras consecuencias igualmente importantes del evangelio como la inclusión social de los pobres, el cuidado de la casa común, la integración de los jóvenes y las mujeres en la vida laboral, por poner solo algunos ejemplos.

 

Porque “El ideal cristiano siempre invitará a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual,” de ese modo se llega al realismo de la dimensión social del Evangelio.[10]

 

Por último, me gustaría destacar como uno de los elementos positivos del secularismo que se señala en este capítulo, al reconocimiento de que el mundo es una tarea que se nos confía para respetarla y transformarla.

 

Por tanto, una consecuencia del secularismo es el reconocimiento de que el cristiano no puede permanecer indiferente ante los dramas de su tiempo; y al mismo tiempo que sepa dialogar con el mundo y respetar sus propias leyes.

 

Como lo afirma el Papa Francisco en su reciente carta encíclica ‘Laudato Sí’: “Esta responsabilidad ante una tierra que es de Dios implica que el ser humano, dotado de inteligencia, respete las leyes de la naturaleza y los delicados equilibrios entre los seres de este mundo, porque él lo ordenó y fueron creados, él los fijó por siempre, por los siglos, y les dio una ley que nunca pasará”[11]

 

  1. El poder de Cristo.

 

En segundo lugar, me permito comentar el quinto capítulo titulado ‘El poder de Cristo’, el cual resulta muy provocador de forma especial a quienes trabajamos en la política y por tanto, nos toca interactuar de una forma especial con el poder.

 

Así como el capítulo anterior que comente, tiene la virtud de olfatear los vientos de cambio del Concilio Vaticano II; este artículo también tiene el acierto de abordar el tema del poder en la Iglesia con los énfasis y acentos que hoy los presenta el Papa Francisco. Uno reconoce en este capítulo escrito en 1980, que prefigura la renovación, reforma y conversión de la Iglesia que llamará más de 30 años después un Papa latinoamericano.

 

El autor expone en primer lugar la originalidad de la experiencia religiosa del pueblo judío, el cual conoce el poder de Dios no por la razón sino por la experiencia del encuentro con un Dios que se introduce a su historia, los libera y los sana, se compadece de ellos, es fiel y los elige como su pueblo. El Padre Ochagavía nos subraya en la experiencia religiosa del pueblo judío la “intima conexión entre poder y amor”.

 

Es el mismo mensaje que tanto ha insistido el Papa Francisco, que la experiencia fundamental del hombre con Dios es la de un encuentro del amor que nos busca y nos encuentra; de un poder que se basa en un amor, el amor de Dios, del cual nadie nos puede separar.

 

Hace unos días, el Papa señalaba justamente esto: “Dios no puede NO amar. Esta es nuestra seguridad. Yo puedo rechazar este amor, puedo rechazarlo como el buen ladrón hizo hasta el fin de sus días. Pero en ese momento también lo esperaba el amor. El más malo, blasfemo es amado por Dios con una ternura de Padre, de papá. Es como dice Pablo, como dice el Evangelio, como dice Jesús: ‘Como una gallina con sus polluelos’. Y Dios el poderoso, el creador, el que puede hacerlo todo: ¡Dios llora! Y en ese llanto, en esas lágrimas, está todo el amor de Dios… Espera, no condena, llora ¿Por qué? Porque ama”[12]. Esa es la experiencia del pueblo judío con el poder de Dios, que describe el autor al inicio de éste capítulo.

 

Posteriormente, el P. Ochagavía nos introduce al poder de Cristo aclarándonos que es incorrecto llamar a Jesús con el nombre de “todopoderoso”, pues ese atributo es exclusivo de Dios Padre. A partir de ésta afirmación, nos señala que el poder de Cristo no es un poder en sí y por sí mismo, sino que es un poder que viene del Padre, “que es el Todopoderoso en sí mismo y por sí mismo”. Esto es muy importante, porque de este modo, la exaltación de Cristo como el Señor (Kyrios) es “gracias a su obediencia hasta la muerte y una muerte de Cruz”. Es decir, su poder viene de obedecer a su Padre. El poder de Cristo por tanto es “el poder en la debilidad”, “el no-tener-ningún-poder”. Su poder le viene del poder de Dios, su Padre, que lo resucita. Cristo es el poder de Dios.

 

De ésto, se desprende una lección sobre la concepción cristiana del poder, el cual parte desde la renuncia y desde el servicio por el amor a Dios y a sus hermanos. Es lo que Romano Guardini llama el poder de la impotencia.

 

“Una peculiar forma de ‘impotencia poderosa’ surge ante valores elevados de la persona y de la obra. El hombre al que el desprendimiento de sí, la distinción, la nobleza de su actitud interior le impiden ejercer poder primario actúa precisamente a través de ello obligando al receptivo. Surge un compromiso, y con él un poder secundario que puede conducir a los más elevados logros… A este ámbito pertenece también el peculiar efecto que puede surtir la no violencia en la lucha política. Mahatma Gandhi desarmó al poder colonial inglés uniendo la completa renuncia al ejercicio de poder con la exigencia de la libertad de su pueblo y haciendo creíble todo ello al no ir en pos de su propia ventaja ni ser en modo alguno astuto, sino desprendido y veraz, y al creer en la justicia de su causa. De ese modo llevó al adversario a una peculiar situación en la que se vio forzado a elegir entre obrar de forma brutal o dignamente”[13]

 

Es lo que el político de la república checa Vaclav Havel llamaba el ‘poder de los sin poder’, cuando ponía el ejemplo del escritor Aleksandr Solzhenitsyn[14] quien no simbolizaba para los representantes del régimen dictatorial en que vivía una amenaza; sin embargo fue expulsado de la Unión Soviética porque su poder radicaba en la concientización de la sociedad. O en la transición democrática llamada ‘Primavera de Praga’ en que Havel nos recuerda,

 

“que al comienzo de este drama hubo individuos que incluso en los momentos más duros lograron vivir en la verdad. Estos hombres no disponían del poder real ni aspiraban a él: el ámbito de su ‘vida en la verdad’ no era la reflexión política; podían ser poetas, artistas, músicos; no era necesario que fueran genios, sino simples ciudadanos que lograban mantener su dignidad humana”, y sin embargo “es difícil hoy llegar a descubrir cuánto… aquellos gestos de verdad incidieron en algunos ambientes y cómo poco a poco el virus de la verdad atacó el tejido de la ‘vida en la mentira’ y lo devoró”. La reforma política fue la consecuencia del despertar de la sociedad provocada por “el poder de los sin poder”, como lo fue Solzhenitsyn en Rusia.[15]

 

Este poder, ‘el poder en la debilidad’ de Cristo, lo podemos descubrir también a lo largo de la historia de la Iglesia en los mártires que no se defienden frente a una persecución y que permanecen leales a su fe, colocando al que lo persigue en la disyuntiva de ser verdugo o ceder ante el poder del mártir. “Al defender valores que son evidentes en sí mismos, y al combinarlos con elevadas cualidades morales de su defensor, la impotencia se convierte en un poder en el otro”[16]

 

Baste para ejemplificar esto, tan solo recordar el ejemplo tan cercano para nuestra región de El Salvador con su arzobispo Monseñor Oscar Romero, cuyo ‘poder’ temían sus persecutores y que fue precisamente el motivo que los llevo a asesinarlo[17].

 

Más adelante, el Padre Ochagavía describe el poder de Jesús señalando los poderes a los que renuncia, los poderes que ejerce y los poderes que entra en conflicto. Esta parte, me parece que puede ser una orientación para la conducta de quienes participamos en la vida política.

 

Jesús “renuncio al poder económico, político, al de las armas, al prestigio e influencia social, a las acciones espectaculares y al mesianismo fácil”. Su poder lo realizó desde una aldea pobre con seguidores carentes de todo poder, asociado a los enfermos, a los pecadores, a los despreciados y a los excluidos. Su fuerza estaba en su testimonio, en su vida y en su palabra, y no en la fuerza.

 

Esto es muy importante porque como lo señalaba el político mexicano Carlos Castillo Peraza: “Una autoridad vale tanto, cuánto vale el argumento que la funda… sino el poder puede caer en tres defectos: ser sofista, ser dogmático o ser burgués… Poder sofista es el que dice que la verdad la define la fuerza…Otro defecto posible del poder es el dogmatismo… Si la verdad la define la fuerza y no hay otra verdad que la que diga el poder, es verdad supuestamente para siempre… El último defecto posible es volverse burgués… Es el espíritu posesivo; es confundir aquellas cosas de las que soy dueño con el bien, la verdad y la belleza, la justicia, todo… Confundir la posesión material con todos los valores que puede haber”[18]

 

Para el Padre Ochagavía, el poder que ejerció Jesús fue un poder espiritual fundado en el amor, de quien va y busca a los pecadores, se mezcla gustoso con ellos, va tras la oveja pérdida, es el poder de la misericordia que tiene como lugares predilectos de encuentro la culpa, el sufrimiento, la persecución y la muerte. Su encarnación y su cruz son la manifestación de su poder que se presenta bajo la forma de su pobreza y humildad eternas. Virtudes muchas veces ausente en quienes detentan algún cargo o responsabilidad pública.

 

“Esta palabra –humildad- se ha convertido en sinónimo de debilidad y de pobreza vital… En el sentido cristiano, la humildad es una virtud de fuerza, no de debilidad. En su sentido originario, humilde es el fuerte, el magnánimo, el audaz… Dios mismo es el primero que adopta la actitud de la humildad, haciéndola así posible al hombre…Toda la existencia de Jesús es una transposición del poder a la humildad… La aceptación de la forma de siervo no significa, debilidad sino fuerza… Jesús contrapone la humildad como liberación del embrujo del poder desde sus raíces más hondas”[19]

 

Y es que como lo señalara hace unos días el Papa Francisco en un discurso en Florencia que ha sido calificado por analistas como una ‘mini-encíclica sobre humanismo cristiano’[20], “la obsesión de preservar la propia gloria, la propia dignidad, la propia influencia no debe formar parte de nuestros sentimientos”.[21]

 

“Es la tentación de creerse indispensables, cualquiera que sea el cargo… de querer ser los que mandan, los que están en el centro, y así, paso a paso, se cae en el autoritarismo… Es la tentación… de quienes se consideran insustituibles… te hace pasar de servidor a propietario, te adueñas de esa comunidad, de ese grupo.”[22]

 

Finalmente el Padre Ochagavía, nos recuerda que Cristo otorga este mismo poder a sus apóstoles para gobernar, un poder que es “para edificar y no para destruir”, un “poder contra los poderosos de este mundo”. Es la concepción del poder como servicio, porque el verdadero poder es el servicio, el servir por amor.

 

El Papa Francisco, lo recordó el año pasado en la clausura del Sínodo sobre la familia, cuando afirmo que la autoridad en la Iglesia se concibe como servicio, porque “es la suprema norma de conducta, un amor incondicional, como aquel del buen Pastor, lleno de alegría, abierto a todos, atento a los cercanos y premuroso con los lejanos, delicado con los más débiles, los pequeños, los simples, los pecadores, para manifestar la infinita misericordia de Dios con las confortantes de la esperanza”[23]

 

Es un servicio que tiene como destinatario preferencial al que está excluido, porque como lo señala Aparecida, es en los pobres, uno de los lugares de encuentro con Cristo. Por eso, es que para los cristianos que trabajamos en el ámbito público tenemos la necesidad de dedicar tiempo a los pobres, a los excluidos evitando la tentación de reducirlo solo desde un plano teórico o emotivo, sin que impacte de verdad en nuestros comportamientos y decisiones:

 

Como lo señala, el teólogo Gustavo Gutiérrez, “Los cristianos como discípulos y misioneros estamos llamados a contemplar, en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos… los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo… Porque en Cristo el grande se hizo pequeño, el fuerte se hizo frágil, el rico se hizo pobre… (El evangelio) nos indica una pista para comprender el Dios presente en la historia humana… En el rostro de Jesucristo, muerto y resucitado, maltratado por nuestros pecados y glorificado por el Padre, en ese rostro doliente y glorioso, podemos ver, con la mirada de la fe, el rostro humillado de tantos hombres y mujeres de nuestros pueblos y al mismo tiempo su vocación a la libertad de los hijos de Dios, a la plena realización de su dignidad personal y a la fraternidad entre todos”[24]

 

En lo personal, me gusta mucho la figura que usaba el entonces cardenal arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio para describir ese poder como servicio que estamos llamados a imitar de Dios. El cardenal Bergoglio hablaba de “poner el hombro a la patria”:

 

“Cuando vemos a alguno que está más pobre, menos abrigado, más necesitado, recordamos que para nuestro Padre esa persona es la más importante, la que más ha buscado, la que recibe la mejor caricia. Y así como el buen Pastor carga a la ovejita perdida sobre sus hombros, también nosotros queremos poner el hombro y hacer sentir a Dios que su pueblo está con Él… Poner el hombro es un gesto de nuestro Padre Dios, y tenemos que imitarlo… Cuando le ponemos el hombro a las necesidades de nuestros hermanos, entonces experimentamos, con asombro y agradecimiento, que Otro nos lleva en hombros a nosotros”

 

  • La esperanza teologal.

 

Finalmente, permítanme hacer un comentario sobre el capítulo décimo tercero, ‘la esperanza teologal’, que me ha hecho recordar el testimonio de grandes humanistas cristianos como Bernardo Leighton o Eduardo Frei, quienes a pesar de vivir tiempos muy complicados, nunca perdieron la sonrisa franca y la certeza de que en nuestro país las cosas tarde o temprano mejorarían, porque vivían “firmes e inconmovibles en la esperanza del Evangelio”.

 

Esto le permite a uno explicar por ejemplo, porque Bernardo Leighton y su esposa Anita Fresno, después de ser baleados en Italia comprometiendo gravemente su salud por el resto de sus vidas, sean capaces de perdonar a sus agresores y ofrecer incluso su recuperación por el perdón de quienes intentaron matarlos.

 

En 1985, cuando todavía gobierna la dictadura en nuestro país y son entrevistados ambos, relatan que en el momento en que reciben los disparos, caen al piso y permanecen por un momento inmóviles y ensangrentados y se empieza a juntar mucha gente gritando contra los agresores, Anita Fresno cuenta:

 

“Yo rogaba que se quedarán callados, que no siguieran con esas imprecaciones atroces (contra los agresores)… tres veces repetí que perdonaba al que lo había hecho… que no era el momento de juzgar sino de rezar…”[25]

 

En esa misma entrevista, Bernardo Leighton señala que el seguía soñando con que volvería la democracia a Chile, “conversando entre oposición y gobierno”.[26]

 

Uno solo puede explicar este tipo de conductas ejemplares de la familia Leighton quienes no renuncian a abrirse al futuro, a partir de una esperanza que está más allá de las posibilidades puramente humanas, “que brota de la fe y que se transforma en confianza que se apresura a salir al encuentro de lo esperado”. Esta es la esperanza bíblica que el Padre Ochagavía describe en su texto.

 

Porque como lo señala, pareciera que no hablamos lo suficiente acerca de la esperanza cristiana, que va mucho más allá de un simple optimismo. Es la esperanza que como se afirma en el libro nos salva de “la evasión y la alienación de nuestra historia concreta. Ella es todo lo contrario de un conservadurismo que, petrificando la historia, prefiere la seguridad del pasado o la comodidad del presente a los riesgos de abrirse al futuro para transformar el mundo”.

 

El Padre Ochagavía en su artículo señala que un marxista criticaba que pareciera que los cristianos que no le daban la misma importancia a la esperanza, que la fe y la caridad. Y este artículo, es un llamado a redescubrir la belleza y la fuerza de la esperanza.

 

Como lo afirmaba el poeta Charles Peguy, el mismo que fue acompañado en su proceso de conversión a la fe cristiana por otro converso, Jacques Maritain, tiene un hermoso texto sobre la esperanza, con el cual deseo terminar:

 

“La fe que amo más, dice Dios, es la esperanza.

La fe no me sorprende.

No me resultado sorprendente.

Resplandezco tanto en mi creación.

La caridad, dice Dios, no me sorprende.

No me resulta sorprendente.

Esas pobres criaturas son tan desdichadas que a menos de tener un corazón de piedra, cómo no iban a tener caridad unas con otras.

Cómo no iban a tener caridad con sus hermanos.

Pero la esperanza, dice Dios, sí que me sorprende.

A mí mismo.

Sí que es sorprendente.

Que esos pobres niños vean cómo pasa todo eso y crean que mañana irá mejor.

Que vean cómo pasa eso hoy y crean que irá mejor mañana en la mañana.

Sí que es sorprendente y seguro la más grande maravilla de nuestra gracia.

Qué grande tiene que ser mi gracia y la fuerza de mi gracia para que esa pequeña esperanza, vacilante al soplo del pecado, temblorosa a todos los vientos, ansiosa al menor soplo,

sea tan invariable, se mantenga tan fiel, tan recta, tan pura; e invencible, e inmortal.

La Esperanza ve lo que todavía no es y que será.

Ama lo que no es todavía y que será.

La pequeña esperanza.

 

 

Avanza.

Y en medio entre sus dos hermanas mayores aparenta dejarse arrastrar.

Y en realidad es ella la que hace andar a las otras dos.

Y las arrastra.

Y hace andar a todo el mundo.

Y las dos grandes –la fe y la caridad- no andan sino por la pequeña esperanza”[27]

 

[1] El Syllabus fue un documento de ochenta puntos, publicado por la Santa Sede en 1864, durante el papado de Pío IX, el cual condena todos los conceptos de la modernidad como la libertad de pensamiento o la separación entre la Iglesia y el estado.

[2] La constitución pastoral Gaudium et Spes

[3] Constitución pastoral Gaudium et Spes, n. 4.

[4] J. MARITAIN, Humanismo integral, Palabra, Madrid, 1999, p.147.

[5] V Conferencia general del episcopado latinoamericano y del caribe, Aparecida, 13-31 de mayo de 2007, n.366

[6] PAPA FRANCISCO, Evangelii Gaudium, n. 96.

[7] Ibidem, n. 85.

[8] J. MARITAIN, Humanismo integral, Palabra, Madrid, 1999, pp. 220-221.

[9] V Conferencia general del episcopado latinoamericano y del caribe, Aparecida, 13-31 de mayo de 2007, n.12.

[10] PAPA FRANCISCO, Evangelii Gaudium, n. 88.

[11] PAPA FRANCISCO, Laudato Si, n. 68.

[12] Homilía del Papa Francisco, 29 de octubre de 2015, ciudad del Vaticano.

[13] R. GUARDINI, Escritos políticos, Palabra, Madrid, 2011, p.135.

[14] Aleksandr Solzhenitsyn fue un escritor e historiador ruso. Crítico del totalitarismo soviético, prisionero en los campos de trabajos forzados de la Unión Soviética. Gran parte de sus trabajos fueron censurados, pero su obra alcanzó un volumen notable. Galardonado con el Premio Nobel de Literatura “por su fuerza ética”.

[15] V. HAVEL, El poder de los sin poder, Encuentro, Madrid, 2013, p. 50.

[16] R. GUARDINI, Escritos políticos, p.136.

[17] “Me alegro, hermanos, de que nuestra Iglesia sea perseguida precisamente por su opción preferencial por los pobres… Sería triste que en una patria  donde se está asesinando tan horrorosamente no contáramos entre las víctimas también a los sacerdotes. Son el testimonio de una Iglesia encarnada en los problemas del pueblo… Una Iglesia que no sufre persecución, sino que está disfrutando los privilegios y el apoyo de la tierra, esa Iglesia, no es la verdadera Iglesia de Jesucristo” Homilía del 8 de mayo de 1977.

[18] C. CASTILLO PERAZA, Los diputados y el partido, revista Palabra, n. 28, México, pp. 22-24.

[19]   R. GUARDINI, El poder, Cristiandad, Madrid, 1982, pp.37-42

[20] El P. Antonio Spadaro s.j., director de la revista La Civiltà Cattolica, llamo a éste discurso ‘la mini-encíclica del Papa Francisco del humanismo cristiano’ por su trascendencia e impacto en el catolicismo italiano.

[21] Discurso del Papa Francisco en Florencia del 10 de noviembre de 2015 en el V congreso de la Iglesia italiana.

[22] Homilia del Papa Francisco del 3 de Julio de 2015 en Ciudad del Vaticano.

[23] Discurso del Papa Francisco en la clausura de la III Asamblea General extraordinaria del Sínodo de los obispos, 18 de octubre de 2014, Ciudad del Vaticano.

[24] G. GUTIERREZ, La opción preferencial por el pobre en Aparecida, Páginas, Centro de estudios y publicaciones, Agosto de 2007, pp. 6-25.

[25] Entrevista en Revista Cosas, 14 de noviembre de 1985, en http://www.archivochile.com/Experiencias/test_relat/EXPtestrelat0034.pdf

[26][26] Ibidem.

[27] C. PEGUY, El pórtico del misterio de la segunda virtud, Encuentro, Madrid, 1991, pp. 15-19.

Las armas de la razón

Las armas de la razón

http://voces.latercera.com/2015/11/25/soledad-alvear/las-armas-de-la-razon/ (publicado en La Tercera el 25/11/2015)

 

Sólo han pasado unos días de los atentados en París y el horror sigue presente en nuestras retinas. Es que las víctimas de ese viernes por la noche no son sólo aquellas que murieron, fueron heridas o padecieron cautiverio. Lo es la comunidad mundial al sentir la vulnerabilidad del espacio público .

Pero no pueden cerrarse las fronteras en un continente que hizo del libre tránsito entre países un ejemplo de integración regional. Tampoco pueden suprimirse conciertos, marchas, proclamas o actividades públicas. Cerrar plazas o avenidas sería absurdo e ineficaz. ¿Qué hacer entonces frente ataques atomizados, complejos en la trazabilidad investigativa y auto atribuidos por el EI desde un fundamentalismo de dispersa y no siempre conocida raíz histórica? La complejidad histórica es evidente pero la política fue creada precisamente para entregar soluciones a asuntos complejos, a cuestiones que suelen no tener una sola respuesta.

En la escena práctica sólo queda reforzar un multilateralismo eficaz y ágil que sea capaz de deponer las diferencias presentes ante la fuerza de los desencuentros futuros, no hay margen para la teoría de los juegos o para transacciones. Un multilateralismo “pragmáticamente vital” que no sólo practiquen los organismos internacionales sino que sea la agenda de cada líder que cree en la libertad y paz mundiales y que entiende que sus nacionales ya no están seguros en la exclusividad de su territorio.

En segundo lugar pienso que los esfuerzos deben orientarse en mejorar nuestros sistemas de información e investigación, antes que endurecer nuestros mecanismos de restricción y supresión de derechos. Si las guerras antes se ganaban con armas hoy se anticipan con datos que nos ayuden a detectar movimientos y operaciones.

En tercer lugar está el testimonio de nuestros liderazgos internacionales. Cada declaración, reunión o desplazamiento es una señal que puede movilizar racionalidades o inflamar reacciones en donde la sinrazón se imponga rompiendo los delgados equilibrios de las reglas internacionales, en tiempos de paz y en tiempos de guerra. La experiencia nos ha mostrado que es más fácil la gestión bélica que la salida del conflicto que puede tardar años en cerrarse con tropas que nunca vuelven. Es aquí en donde la proporcionalidad de la acción armada cobra además en el buen criterio una gran importancia y en donde la dignidad de los estados no se mide por el tamaño de sus ejércitos sino por la eficacia y el razonamiento de su diplomacia.

Algo de esto viví siendo Canciller el año 2003, cuando el Presidente Lagos decidió que Chile no apoyaba como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU una nueva incursión armada en Irak, decisión adoptada en plena negociación de nuestro TLC con Estados Unidos.

En un mundo globalizado, dinámico en acontecimientos, complejo en fenómenos y difuso en el origen de conflictos, se instala un nuevo desafío: construir paz entendiendo que su conquista tiene límites que sólo la razón y el entendimiento pueden preservar en el largo plazo.