De mal en peor

De mal en peor (publicado en La Tercera, 16/09/2015)

http://voces.latercera.com/2015/09/16/soledad-alvear/de-mal-en-peor/

Venezuela experimenta un deterioro constante en su institucionalidad, hasta llegar a un nivel donde los derechos más básicos no se respetan. Además, hoy ya no les importa afectar la seguridad sudamericana y la paz. Ya no basta con tratar de amañar las elecciones parlamentarias de diciembre próximo. No es suficiente limitar a la prensa y a toda voz disidente. La sentencia a más de trece años de cárcel para Leopoldo López raya en lo increíble, en la inhumanidad absoluta del régimen. No conforme con eso, parece también necesario cerrar fronteras. Buscan generar desplazados y establecer un muro divisorio con la hermana Colombia. Son miles los que han tenido que cruzar la frontera, e incluso el gobierno de Bogotá estaría entregando ipso facto la nacionalidad colombiana a muchos que se quedaron sin nación que los apoye.

El problema de Venezuela se basa en un estado de derecho inexistente, mientras que las pocas garantías que quedaban se esfuman en medio de la retórica algo trasnochada de un gobierno que ve y busca enemigos entre fantasmas, porque es incapaz de reconocer como válidos a quienes sólo buscan el respeto a los derechos humanos y las reglas básicas para un elección democrática de los legisladores.

El fallecido profesor de la Universidad de Yale, Robert Dahl, publicó en su obra máxima titulada Poliarquía, una serie de derechos y ejercicios mínimos para considerar a una democracia como tal. Todos ellos se agrupan en la posibilidad de participación y contestación. La primera es para poder elegir y ser elegido libremente para cargos de elección popular, incluyendo por cierto estar en el Congreso Nacional. La segunda capacidad (la contestación), es poder tener medios alternativos de información, disentir con la autoridad en público y poder ejercer el derecho de opinión en la forma asociativa y política que se estime conveniente, siempre que esto sea por medios lícitos.

Como hemos visto, en Venezuela el gobierno del Presidente Maduro no respeta ninguno de estos derechos. Han hecho de la persecución de sus oponentes políticos un ejercicio diario de abuso y falta de garantías. Las instituciones están cooptadas (como vemos en sus tribunales de justicia en el caso de López) y la libertad de expresión teñida de cadenas nacionales y discursos plagados de insultos al adversario político. Es más, ¿cuántos líderes de oposición hoy están tras las rejas por sólo pensar diferente? ¿Cuán coaccionado están los electores para votar libremente el próximo 6 de diciembre? Más encima, las autoridades del país se dan el dudoso lujo de generar artificiosamente un complejo escenario de crisis internacional en la frontera con Colombia. Peligroso escenario que ha obligado a la comunidad internacional a estar alerta ante un posible estallido de una crisis humanitaria, política y militar. En este sentido, Chile no puede estar ajeno. Es la hora de defender la democracia, los derechos humanos y el derecho internacional. Ese mismo set de instituciones y derechos que el gobierno de Venezuela desconoce. El humanismo defiende a las personas siempre, sin excepciones.