“Patricio Aylwin Azocar Una vida republicana: convicción, política y doctrina.”

 

“Patricio Aylwin Azocar

Una vida republicana: convicción, política y doctrina.”

intervención de Soledad Alvear en la presentación del libro sobre el ex Presidente de la República, don Patricio Aylwin Azócar. (11.3.16)

 

  1. Introducción

“La aventura podrá ser loca, pero el aventurero, para llevarla a cabo, habrá de ser cuerdo”, dijo alguna vez Chesterton, refiriéndose al requisito para realizar con éxito grandes cosas. La mayoría de nosotros transitamos por esta vida sin grandes sobresaltos, sin sostener en nuestras espaldas el destino de otros, ni sometidos a grandes encrucijadas morales. Pero cuando ellas llegan sabemos de la madera de la cual estamos hechos. Por ello, todo relato personal es digno de ser construido, cualquier historia particular es una aventura, aunque sea una anónima. También hay otras que están destinadas a lo público, historias personales que por su relevancia son de conocimiento común. En efecto, existen algunos a los cuales les toca protagonizar los tiempos que viven y cuyas decisiones tienen huella en millares de personas. En consecuencia, la manera en que se conduzcan tiene una especial importancia. El libro que nos convoca es una oportunidad para hablar sobre la vida de un político y de un hombre excepcional, que afrontó con singular fortaleza y acierto cada una de sus encrucijadas.

Así es. A Patricio Aylwin le tocó –por nombrar sólo algunas de sus principales hazañas- participar en los inicios y consolidación de un partido que vendría a romper los esquemas de la política chilena; ser el presidente de dicho partido cuando su candidato conformó un inédito gobierno de partido único;  erigirse como uno de los líderes de la oposición a la dictadura; en fin, ser elegido como el primer presidente democrático , con el dictador sentado  en el puesto de Comandante en Jefe del Ejército. Qué duda cabe: ha tenido una vida intensa. Siendo ex Presidente de la Republica  volvió a presidir la Democracia Cristiana cuando el partido pasó por un momento difícil.

Su testimonio es inmenso. Este libro nos da la posibilidad de recordarlo. Y vale la pena hacerlo hoy que vivimos en tiempos algo desmemoriados. Todo tiempo sufre de aquellos que creen que la historia comienza con ellos, que desconocen el pasado y lo evalúan desde la más atrevida ignorancia. La obra de Patricio Aylwin, aun con todos los reconocimientos que ha tenido, no ha sido todavía calibrada en toda su dimensión. Se trata, como dice el título del libro, de una vida republicana, de una ejemplar clase de política, doctrina y convicción.

Pretendo compartir algunas ideas que la vida de Patricio Aylwin me inspira. Lo haré guiada por esa trilogía, por ese trío simbiótico que eligieron los editores, que da título al libro, y que hace que su vida sea un ejemplo de servicio a la república.

 

  1. [Desarrollo]
    • [Trilogía]
      • [Doctrina]:

Una doctrina es un conjunto coherente de ideas u opiniones religiosas, filosóficas, políticas, etc., sustentadas por una persona o grupo. Una doctrina es algo bien escaso en el mundo público de hoy. Estoy convencida, como ha señalado Michael Sandel, de que una de las razones del desgaste de la política actual, de su falta de sintonía con el electorado, -no sólo en Chile sino también en las más importantes democracias occidentales-, es que el lenguaje de la política se ha ido tornando vacío, concentrado en las formas, en los procedimientos, exento de deliberación, a lo más provisto de eslóganes de fácil repetición y corta profundidad. Pocos políticos se atreven hoy a señalar cuáles son los fundamentos de su actuar, si es que los tienen. Si las posiciones fundantes del debate se mantienen ocultas, éste se empobrece, pierde su esencia y los políticos no pueden cumplir con su primera misión: deliberar. Con ello, la  búsqueda del bien común y el autogobierno se ven disminuidos como ideales. La misma democracia pierde parte importante de su valor. Y es que lo más importante en una persona, y especialmente en un político, es su particular visión del hombre y del universo. Antes que saber qué opina sobre el sistema de transportes o de energía, deberíamos preguntarles sobre esto.

Patricio Aylwin nunca ocultó la suya, más bien la reveló durante toda su carrera. Quisiera destacar una de las ocasiones en que hizo esto con especial brillo.  En su proclamación como candidato a Presidente de la República el año 1989, le dijo al país lo más importante que éste debía saber de él:

Soy –dijo Aylwin- chileno de clase media, amante de mi familia y de mi patria (…).

Creo en Dios.

Creo en el hombre. En la dignidad superior del ser humano.

Por lo mismo, creo en el pueblo. En la sensatez, el sentido común, la sabiduría innata del hombre común.

Concibo la vida como una tarea. Desde niño sentí que mi tarea es la justicia, luchar por la justicia. Y eso he procurado hacer durante toda mi vida. Por eso fui abogado y profesor de derecho. Por eso me hice político: para luchar por la justicia para nuestro pueblo.

Por ser cristiano, busco primero el reino de Dios y su justicia y espero que lo demás llegue por añadidura. Por ser demócrata, creo en la capacidad y en el derecho del pueblo a decidir por sí mismo sobre su destino, defiendo la libertad de mi adversario y he aprendido a respetar siempre las opciones discrepantes de las mías. (…)

Entiendo el poder como un instrumento para servir. Creo en la razón y en el derecho. Concibo a la fuerza sólo como instrumento de la razón y del derecho. Rechazo terminantemente la violencia.

Soy hombre de partido. Desde hace medio siglo, soy demócrata cristiano, porque creo en los valores y principios del humanismo cristiano”

En esta pequeña declaración de principios vemos a un hombre, a un político, que puede ser respetado. Sabemos quién es, sabemos por qué última razón hace las cosas. Quiero partir por reivindicar eso: para deliberar, para cumplir con el ideal autogobierno, para confrontar posiciones, para guiar, para conducir, para liderar, para profundizar la democracia, para reencantar a los ciudadanos con la política, para lograr acuerdos, para negociar, para conformar coaliciones estables, lo primero que tenemos que hacer es decir en qué creemos. Por qué estamos aquí. Qué nos mueve. Con voz fuerte y clara. Lo primero que quiero hacer hoy es reivindicar esa enseñanza de Patricio Aylwin.

 

  • [Política]

Vamos a lo segundo. La vocación política de Patricio Aylwin. Dicho en pocas palabras, la política es, por un lado, el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los estados; y, por otro, la actividad de quienes rigen a aspirar los asuntos públicos. En efecto, Patricio Aylwin tuvo como profesión promover la opinión de su partido con referencia a cómo debía gobernase Chile.

Y la política de Patricio Aylwin tuvo la virtud, a lo largo de su vida, de fundarse en un análisis de la realidad que acepta sus complejidades sin maniqueísmos, que se hace cargo de sus contradicciones, que no admite certezas fáciles, que trata de vislumbrar en cada momento lo correcto a la luz de los principios. Cualquiera que revise este documentado libro, se dará cuenta que Patricio Aylwin no es una especie de caricatura del consenso a cualquier costo, como lo han querido presentar a veces sus adversarios. El actuar político de Patricio Aylwin ha sido duro o conciliador dependiendo de lo que ameritaba el momento. En efecto, alguno de sus discursos son poco menos que incendiarios; otros, en cambio, llaman rotundamente a la calma.  Pero en esa pluralidad hay un hilo une. Un artículo de este libro se titula “Fortiter in re, suaviter in modo”, es decir, “Fuerte en la cosa, suave en el modo”.

Veamos algunos ejemplos de este modo de ser en política, revisando un poco su historia:

En 1959, como un joven Presidente del Partido Demócrata Cristiano, consultado sobre el Gobierno de Jorge Alessandri, se manifiesta ese espíritu más sosegado que lo habita:

“No creemos –dijo Aylwin en esa ocasión- que el papel de la oposición sea oponerse a todo y encontrarlo todo malo y desear que el gobierno fracase. No, que el gobierno haga lo mejor que pueda y si actúa en nuestra línea tendrá nuestro apoyo; pero el gobierno es el gobierno y nosotros quedamos en nuestra posición”.

Varios años después, durante el Gobierno de Frei Montalva, Patricio Aylwin desde la Presidencia del Partido Demócrata Cristiano, fue, en sus propias palabra el “lugar teniente” del Jefe de Estado. Jugó este rol tanto para defender al gobierno de las críticas provenientes de la oposición, que atacaba por los dos flancos, por la izquierda y por la derecha, como de los conflictos y problemas internos del Partido Demócrata Cristiano, que, como sabemos, no fueron pocos. El gobierno de Frei Montalva, uno de los más exitosos y reformadores de los que tenga conciencia nuestro país, tuvo en Aylwin su escudero. Su lealtad con el gobierno y con el presidente Frei Montalva es legendaria. Y si hubo que subir el tono, Aylwin lo hizo.

Así, por ejemplo, ante la actitud de la derecha que se oponía a la Reforma Agraria Aylwin señaló:

“Sólo la resisten quienes no comprenden la marcha de la historia (…). Porque, para ellos, el Derecho es sinónimo de un orden establecido que ampara determinado régimen económico social; es sinónimo de protección a determinados intereses creados.

Recordemos que Patricio Aylwin tuvo un importante rol en el proceso de Reforma Agraria al ser autor de un proyecto que agilizó el proceso de expropiación: Ley N° 17.280 o Ley Aylwin.

En efecto, su fe en lo que se estaba haciendo era inmensa. Convencido de ello, a finales del gobierno de Frei Montalva señalaba lo siguiente:

“Con todo, ninguna interpretación podrá borrar de la conciencia de las mayorías populares, especialmente de los campesinos y de los pobladores, el conocimiento, por experiencia propia, de que en esta etapa de la Democracia Cristiana, ha operado en su favor el cambio más profundo y el de mayor progreso de que tengan recuerdo

 

Luego del golpe, tempranamente comenzó a denunciar los atropellos del régimen y fue opositor. En enero de 1974, la Directiva de la DC, que presidía, envía una carta a la Junta de Gobierno con copia a la Corte Suprema, manifestando la preocupación por los atropellos a los derechos humanos. Luego de ello,  prohíbe la participación de demócratas cristianos en cargos políticos del régimen. No le tiembla la mano para expulsar del partido a quienes no hicieron caso de esa instrucción, entre ellos algunos que consideraba amigos cercanos. Continúa luchando desde diferentes frentes. En 1976, agotado, deja la presidencia del partido. Según él, estos son los años más difíciles de su vida, al tomar conciencia de la magnitud de los atropellos del régimen, y que éste pretendía eternizarse en el poder.

Con todo, su retiro de la primera línea es breve. Luego del evento de Chacarillas, y conocido que el régimen comenzaría a redactar una Constitución para intentar legitimarse, crea el llamado “Grupo de los 24”, un colectivo académico jurídico político con miembros de todos los sectores contrarios a la dictadura, muchos de ellos hasta hace poco en bandos opuestos. Esta sería una primera instancia de reencuentro, premonitoria de las que se crearon después para articular la oposición a la dictadura, de las cuales también Patricio Aylwin fue protagonista,  tales como el Acuerdo Nacional para la Transición a la Democracia y la creación de la Concertación de Partidos por la Democracia.

Como se puede ver, el actuar político de Patricio Aylwin, estuvo, en cada momento, a la altura de lo que se requería.

 

  • [Convicción]

El tercer integrante de la trilogía que da nombre a este libro son las convicciones de Patricio Aylwin. Una convicción, recordemos, es un convencimiento, una idea  ética o política a la que se está fuertemente adherido.

Yo quisiera hoy rescatar tres fuertes convicciones de Patricio Aylwin: su fuerte  adhesión a la democrática, su opción preferencial por los pobres, y su  vocación por la paz y la reconciliación.

 

  • [Opción preferencial por los pobres]

Hablemos primero de la opción preferencial por los pobres de Patricio Aylwin. Esta es una convicción que modula, que da forma, a su actuar político. Ya en 1959, en la Primera Convención Nacional del Partido Demócrata Cristiana, tenía meridianamente clara esta orientación.

 

30 años después esa convicción no ha perdido ni una pisca de su fuerza. En efecto, en su discurso en el Estadio Nacional, recién asumido como presidente, Aylwin declaró las que serían la pauta de su gobierno:

“Habrá dificultades causadas por los obstáculos y amarras que el pasado régimen nos deja en el camino… Hay muchas necesidades largamente postergadas que deberán ser satisfechas. No podemos hacer todo al mismo tiempo. Debemos establecer prioridades. Lo justo es empezar por los más pobres”

Esta opción, vale la pena recordarlo, no fue una mera declaración. El Gobierno de Patricio Aylwin fue exitosísimo en su combate a la pobreza. Patricio Walker, en efecto, recuerda las principales cifras en estas materias de ese gobierno, en el prólogo del libro que nos convoca: aumento del gasto social en  un 32% gracias a una reforma tributaria que logró y la reducción de la pobreza en 10 puntos porcentuales, entre otras.

Quise destacar esta convicción de Patricio Aylwin, porque la opción preferencial por los pobres, por los débiles, por los marginados, es el aporte principal y distintivo que pueden hacer los políticos de inspiración cristiana a la sociedad. El fundamento del humanismo cristiano es el personalismo: una visión del hombre no como mero individuo sino que como persona, como prójimo, como alguien que merece ser tratado de la misma manera que yo merezco serlo. Por eso para los humanistas cristianos, nuestro principal desafío es aumentar la esfera de inclusión, expandiendo el radio de los incluidos hasta que no quede nadie afuera, hasta que todos los miembros de una sociedad sean tratados como se merecen. Esa es la enseñanza social más importante del Evangelio, resumida en la parábola del buen samaritano, y esa es la guía más importante de un político de inspiración cristiana. Yo reivindico esa fuerte convicción de Patricio Aylwin, que me ha servido también a mí de profunda inspiración.

Como su Ministra del Sernam me correspondió crear el Programa Mujeres Jefas de Hogar, de Violencia Intrafamiliar incluida la ley al respecto, incidir en el cambio de los textos escolares que reproducían roles públicos para hombres y domésticos para mujeres, de Filiación para dar igualdad a nuestros hijos ,Programa de cuidado de hijos(as) de temporeras , entre otros.

 

  • [Convicción Democrática]

La segunda convicción que quiero destacar es la convicción democrática de Patricio Aylwin: su fe en el autogobierno, en la autodeterminación del pueblo, en el estado de derecho, en la libertad, en el reformismo profundo en un marco de respeto a los derechos individuales. Esto lo llevó a convertirse en abogado; a ser redactor de importantes leyes cuando fue parlamentario; a denunciar las que consideró eran transgresiones al derecho durante la Unidad Popular; a convertirse en un acérrimo detractor de la dictadura; a considerar que éste debía ser derrotado dentro del orden jurídico vigente; en fin, a proponer como uno de los objetivos principales de su gobierno la normalización democrática.

Un discurso de Patricio Aylwin denominado “Llamar por su nombre”, publicado en la revista Política y Espíritu, previamente al plebiscito, y que recoge el libro, resume de excelente forma esta convicción democrática. Me gustaría recordar  aquí algunos de sus párrafos. Se trata de una proclama emocionante:

“Quisiera esta tarde – dijo Aylwin- dar respuesta a esa sombrosa preocupación de los personeros oficialistas sobre la falta unidad de los sectores democráticos. Quiero decirles que estamos de acuerdo, mucho más de lo que ellos creen y muchos imaginan”.

Estamos de acuerdo, en primer término en llamar las cosas por su nombre. Llamar democracia no a lo que ellos llaman “democracia protegida”, que es un régimen de cesarismo presidencial sujeto a tutela militar, sino que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, fundado en el respeto de los derechos de la persona humana

Estamos de acuerdo en llamar libertad, no a lo que ellos llaman una “sociedad libre” que lo que le permite a los hombres de negocio libertad para ganar dinero, sino una sociedad fundada en el reconocimiento de la dignidad de toda persona, en la libertad de todo hombre y en el ejercicio libre de todas las libertades esenciales de la persona humana. Estamos de acuerdo en llamar justicia no a esta vergüenza de justicia nacional, que no es capaz de descubrir a los asesinos de a los autores de los desaparecimientos ocurridos en los últimos catorce años, que cierra los ojos y tapa la vista ante los crímenes de que clama el pueblo, que no descubre la tortura ni nada de lo que a país le interesa y que, en cambio, agota sus esfuerzos, a través de ese escándalo que es llamado justicia militar, en una mascarada en que el juez, es a la vez juez y parte, y no tiene ninguna de las cualidades de un verdadero juez”

Este es el manifiesto de un valiente demócrata.

 

  • [Convicción por la Paz y la Reconciliación]

Sin duda alguna, Patricio Aylwin puede ser considerado el padre de la reconciliación chilena. Recibió un país fracturado en dos, nos dividían entre amigos y enemigos y entregó uno donde la reconciliación comenzaba a ser posible. Pero la reconciliación, al contrario de cómo algunos suponen, no significa esconder lo que nos separa debajo de la alfombra; no significa la impunidad con el objetivo de mantener las aguas quietas. Su convicción por la paz se manifestó de muchas formas, pero yo quiero recordar hoy la que me parece más simbólica e importante. El camino más fácil era el de haber omitido comenzar a investigar los crímenes de la dictadura, o haber pospuesto esta misión bajo cualquier excusa, como la prudencia o la estabilidad. No hay duda de que más de alguien debió haberle sugerido ese camino. Pero para que existiera paz, el presidente Aylwin sabía que debía haber verdad sobre los crímenes, sabía que la primera palabra de su gobierno, el primer reconocimiento, debía ser para las víctimas de la dictadura. Por eso, su primer acto relevante, el 25 de abril de 1990, habiendo asumido recién el 11 de Marzo, fue crear la “Comisión de Verdad y Reconciliación”, conocida como la “Comisión Rettig”. Ese gesto es manifestación de su convicción por la paz y la reconciliación. Todos recordamos cuando, con lágrimas en los ojos, entregó al país los resultados de la investigación hecha por la Comisión, y luego procedió a pedir perdón a las víctimas y a sus deudos, por tantos años de injusticia y silencio, a nombre del Estado. Sólo así pudimos comenzar a soñar con sanar las profundas heridas que dejó la dictadura, y que aún hoy no están del todo cicatrizadas.

 

  1. [Cierre]

Si para algo deben estar los humanistas cristianos en política es para intentar ejemplificar con el testimonio personal que es posible la excelencia, para entregar propuestas de bien común, para promover la opción por los pobres y débiles, para ser mensajeros de la paz y de la justicia. Patricio Aylwin ha sido fiel como pocos a esa vocación.

Recuerdo su rigurosidad al tratar los distintos temas del país. Solo un ejemplo. Siendo Presidente, antes de enviar el proyecto de ley de filiación,  se encerró un fin de semana en Cerro Castillo para estudiarlo con acusiosidad. El teléfono rojo me sonó permanentemente, porque quiso hacer su aporte a muchos de los artículos del proyecto o me consultaba sobre diversos aspectos del mismo. Le interesaba que las iniciativas legales entraran al Congreso con todos los aspectos claros de su iniciativa y su relación era directa con sus Ministros, sin asesores, ni segundo piso. Los Ministros(a) éramos sus colaboradores y fue siempre leal a ello.

 

 

Pero hay algo que quiero agregar como cualidad de un político para ser completo. La calidad humana de don Patricio, expresada permanentemente. Su sencillez ,  ha vivido en la misma casa que ha mantenido durante toda su vida, su valoración por las personas y el orgullo y preocupación por cada uno de los integrantes de su familia. Su honestidad, el respeto hacia todos(as), su capacidad de escuchar y dialogar.

Su coherencia entre la vida pública y privada, su modestia, Cada vez que me reúno con él, lo hace con tal interés, que me hace sentir como la persona mas interesante para él. Le encanta escuchar, hace muchas preguntas y luego dialoga entregando su opinión reconociendo el modesto aporte que cada uno puede haberle entregado. Te acompaña a la puerta de su casa cuando te vas de ella.

 

 

Mis hijos no lo olvidarán jamás, subiendo el Cerro San Cristobal junto a sus nietos los días domingo. Siempre envía los saludos a la familia, recordando sus nombres.  Está presente en los momentos mas especiales: nacimiento de los hijos, enfermedad u otros problemas. En Noviembre pasado nos acompañó en la Misa por el fallecimiento de mi suegro.

Hoy hace su contribución en el Grupo de los “Cardenales”, en el que participan los militantes mas antiguos del PDC a almorzar cada mes, para compartir temas de actualidad o discutir documentos previamente repartidos o escuchar a un invitado especial. El es solo uno mas del grupo.

 

Con mucho cariño y respeto debo decir, que es el político con quien he trabajado que mas admiro. He intentado en mi vida pública modestamente seguir sus enseñanzas.

Patricio Aylwin no le pertenece ni a los humanistas cristianos, ni a la Concertación. Su legado le pertenece a todos los chilenos(as). Todos(as) podemos sentirnos orgullosos de él.

En efecto, la vida de Patricio Aylwin es la de alguien que se hizo tempranamente la pregunta que Kennedy hizo célebre: su vida ha sido la aventura de responder constantemente a la pregunta acerca de en qué podía servir a su país.

Y vaya que lo ha hecho.

 

Muchas gracias