Voto obligatorio

Voto obligatorio

(publicada en La Tercera el 25 de mayo de 2016)

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EL AÑO 2014 se celebraron elecciones presidenciales en Uruguay. La participación electoral alcanzó el 88,57%. En noviembre pasado se llevó a cabo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Argentina. Votó el  80,77 % del padrón electoral. En el mes pasado se celebraron elecciones presidenciales y parlamentarias en el Perú, participando el 81,80%. En estos tres países el voto es obligatorio.

En Chile, en cambio, la tasa de participación electoral ha venido cayendo dramáticamente desde un 94,72% en la elección presidencial de 1989 a un 41,98% en la segunda vuelta presidencial de 2013, experimentándose el descenso más abrupto luego de la introducción del voto voluntario, con una caída de más de un millón y medio de votos desde la elección de segunda vuelta presidencial de 2010. Lo anterior a pesar de que, a partir de la inscripción automática y el aumento del padrón de más de cinco millones de votos, se pensaba que ello significaría un aumento significativo de los votantes , lo que no ocurrió en la práctica.

La participación electoral es la savia que alimenta nuestro sistema democrático. No hay hoy en día un peligro mayor para el fortalecimiento de nuestra democracia que la falta de participación en los procesos electorales, ya que con ello se puede llegar a afectar la legitimidad de nuestro sistema democrático que tanto nos costó recuperar.

El voto no sólo es un derecho de los ciudadanos sino también un deber cívico. El formar parte de la comunidad nacional no sólo implica el ejercicio de derechos sino también el cumplimiento de obligaciones mínimas con el país del que formamos parte. Una obligación básica debiera estar constituida por participar en los procesos electorales destinados a definir los destinos de nuestra patria en los diferentes niveles. No resulta congruente que una persona demande al Estado una serie de acciones destinadas a satisfacer sus necesidades individuales o de su colectividad y al mismo tiempo no participe en los actos electorales. Si el elector no se siente interpretado por ninguna de las opciones que se presentan podrá votar en blanco o anular su voto, pero no puede restarse a participar. Es el mínimo compromiso con el propio país.

Por cierto que la promoción de la participación electoral conlleva diversas acciones como la educación cívica, efectuando l@s candidat@s propuestas programáticas, además de dar todas las facilidades de desplazamiento (incluyendo transporte gratuito) a los centros de votación.

Pero el punto de partida lo constituye el restablecimiento del voto obligatorio el que no sólo tiene un significado normativo sino que también simbólico.

Es por ello que propongo se presente una reforma constitucional destinada a restablecer el voto obligatorio. Para que esta reforma esté a salvo de cualquier suspicacia respecto a una definición electoral de este año y el próximo, propongo que esta reforma incluya una disposición transitoria que señale que la misma entrará en vigor sólo con ocasión de las elecciones municipales del año 2020.Llamo a todos mis compatriotas a sumarse en esta campaña nacional por el voto obligatorio