Interpelación de los niños

Interpelación de los niños

(publicada en La Tercera, 03 de agosto de 2016)

 

¿Cuántos niños más tendrán que morir para que despertemos? ¿Qué otras tragedias tendrán que producirse para que el Sename y nuestra infancia pasen de las secciones policiales de la prensa a las páginas políticas y económicas, es decir, allí donde se toman las decisiones que marcan el rumbo del país?

Es difícil no sentir angustia ante la situación de nuestros niños más vulnerables, los más pobres entre los pobres, pero esa desazón no puede llevarnos a distraer nuestra atención en las preguntas equivocadas. La cuestión fundamental en este caso, no es: “¿quién tiene la culpa?”. Centrarse en ella lleva a olvidar que esta es una historia que se viene escribiendo desde hace décadas, y en estas semanas sólo hemos visto los amargos frutos de omisiones muy antiguas y persistentes.Además, dudo que a nuestros niños les importen mucho las interpelaciones o que ellas vayan a resolver el más pequeño de sus problemas.

La dificultad fundamental para abordar la situación de los niños vulnerables reside en una característica que han adquirido progresivamente: en la escena política nacional, esos niños son invisibles. Ellos no votan, no marchan, no hacen lobby ni se quejan. Su invisibilidad es la contracara de una sociedad que se ha vuelto cada vez más individualista, no obstante la retórica contraria que vemos en las calles, pancartas y grafitis.

El ejemplo más clamoroso de esta prescindencia insolidaria está dado precisamente por la dinámica que han adquirido las reivindicaciones estudiantiles. En la búsqueda de igualdad  y  derechos, este movimiento ha terminado por transformarse en una herramienta para la defensa de los intereses de un sector, de un grupo de chilenos que, en comparación con los niños del Sename, son unos auténticos privilegiados. En un país con recursos tan limitados como el nuestro, les importa más que los estudiantes más ricos puedan gozar de la gratuidad, antes que remediar las carencias materiales y espirituales de esos niños. ¿O nunca se han tomado la molestia de visitar un centro del Sename, ver a esos niños y conversar con las personas que allí trabajan, con una tarea titánica por delante y sin los medios para cumplirla con un mínimo de dignidad?

Nadie discute la necesidad de que las personas que carecen de recursos puedan contar con todo el apoyo para realizar estudios superiores. Pero, tal como algunos la están entendiendo, la gratuidad será un mecanismo que perpetuará las desigualdades, porque busca otorgar beneficios injustificados a muchas personas que en el futuro tendrán los mayores ingresos, y porque no permite ver que el problema de la igualdad de oportunidades no surge cuando un joven termina el Cuarto Medio, sino 15, 16 o 17 años antes.

El país necesita con urgencia un gran acuerdo político a favor de los niños, un acuerdo hecho con espíritu generoso y la mirada puesta en el futuro, que involucre a todos los sectores, y que ponga a los niños en nuestra primera prioridad. Ha llegado el momento de dejarnos interpelar por los niños.